La noche duró 2.818 días. Oscureció el 24 de marzo de 1976 y recién amaneció el 10 de diciembre del 83. De María Estela Martinez de Perón a Alfonsín hubo un largo y negro paréntesis que no pasó inadvertido para los argentinos. Desaparecieron 30 mil personas, se quintuplicó la deuda externa, 517 mil por ciento de inflación, se perdieron las libertades individuales, miles de personas fueron torturadas y detenidas en 651 cárceles clandestinas que funcionaron en todo el país. 648 argentinos murieron en la guerra contra el imperio Británico. Aquella noche, además de extensa en el tiempo, fue demasiado trágica como para no recordar que hace 35 años finalizó.

En marzo de 1983, el último presidente de facto, Reynaldo Bignone, anunció elecciones nacionales para el 30 de octubre de ese año. Raúl Alfonsín fue catapultado al máximo escalón del poder ejecutivo nacional con el 51,8% de los sufragios. Con la fuerza otorgada por semejante triunfo electoral, Alfonsín buscó fortalecer los lazos de la ciudadanía con la vida democrática, condenando los métodos violentos para hacer política. Ese fue el mensaje al procesar a Mario Firmenich, Gorriaran Merlo y a los integrantes de las juntas del proceso militar que fueron acusados y condenados en el juicio más ejemplar y significativo de la historia argentina. Seguros de no pecar de exagerados podemos afirmar que aquello se trató de un juicio ejemplar en el orden mundial, superior inclusive al juicio de Núremberg, realizado con leyes y magistrados ordinarios.

Alfonsin fue un hábil administrador de los tiempos políticos. Ratificó su liderazgo, en el primer año de gestión, al lograr el 77% de adhesión en un plebiscito convocado para resolver los conflictos limítrofes con Chile. Cerrando así la hipótesis de conflictos bélicos con el país transandino.

Alfonsín lanzó el Plan Alimentario Nacional, simbolizado en las cajas PAN, con alimento para familias empobrecidas, y sufrió su primer revés al rechazar el parlamento un proyecto de ley que modificaba las reglas del juego en las estructuras sindicales. Con aquel intento cae su primer ministro, el de Trabajo, Paulino Mucci.

Las postales de 1984 serán: las 70 mil personas que, en septiembre, acompañaron a la Conadep presidida, por Ernesto Sábato, en la entrega del resultado de las investigaciones relacionada con la violación de los derechos humanos durante la dictadura militar; y Cesar Milstein recibiendo el premio Nobel de Medicina. Quedará como una instantánea más desdibujada el regreso al país, sin mayores reconocimientos, de Julio Cortazar y su posterior muerte.

En 1985, la Argentina mezcló datos alentadores relacionados con la recuperación de las libertades individuales, con otros más frustrantes y relacionados con la marcha de la economía. Sin temor a las persecuciones ideológicas los jóvenes desbordaron las universidades. Las matrículas, en estas casas de estudio, pasaron de 121 mil a 600 mil. El lado negativo estuvo en la economía. La inflación resultó incontenible y la deuda externa, trepó a los 45 mil millones. El 28 de abril, en un acto en plaza de mayo, Alfonsín habló de economía de guerra. Parece advertir que no cederá ante las presiones del Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, realizó un brusco cambio en el timón económico. Corre a Bernardo Grispun del palacio de economía y llega Juan Vital Sourruille. Con él, el plan Austral que compromete al gobierno a no realizar nuevas emisiones monetarias, se congelan precios y salarios y se crea una nueva moneda. El radicalismo gana las elecciones legislativas con el 43% de los votos y la Renovación peronista nace desde Buenos Aires encabezada por Antonio Cafiero

La postal de 1985 sucede el 9 de diciembre. Las figuras de los máximos responsables de la dictadura militar, están sentados en el banquillo de los acusados escuchando sus condenas. Ese año los argentinos vimos los gozos y las sombras en la tele y la desgarradora historia oficial en el cine.

En 1986 el gobierno de Raúl Alfonsin tropezó con los primeros deterioros del plan Austral, a esto se suman las presiones de las Fuerzas Armadas, de la Iglesia y de la C.G.T. La central obrera arrancó el año con dos paros nacionales, los militares sienten malestar por la cantidad de denuncias contra oficiales que actuaron en lo que llaman la guerra sucia, y la iglesia se moviliza para que no se sancione la ley del divorcio. Alfonsin arremetió con propuestas para colocar el foco de las discusiones en otro lugar que no sea la economía. Sorpresivamente los argentinos nos vimos envueltos en el debate por el traslado de la capital Federal a la Ciudad de Viedma. Las postales de 86 serán las imágenes de López Rega esposado bajando del avión que lo traía desde los Estados Unidos; del Ministro del Interior Antonio Trócoli denunciando en el Congreso Nacional que el secuestro del empresario Osvaldo Sivak es un trabajo de la mano de obra desocupada (haciendo referencia a grupos de tarea que secuestraban gente durante los años de dictadura); la muerte de Borges en Ginebra y la copa mundial de fútbol lograda en México.

El Punto Final, que impone plazos para formular denuncias por violaciones a los derechos humanos, impulsado por Alfonsin a fines de 1986 no logró frenar el primer levantamiento carapintada, ocurrido en semana santa de 1987. Tras esta movilización militar encabezada por Aldo Rico, se sancionó la ley de obediencia debida, que eximió de enjuiciamiento al personal que haya obedecido órdenes durante los años de dictadura.

A pesar del refinanciamiento de 32 mil millones de dólares de la deuda externa con bonos a 19 años de plazo, con siete de gracia, los índices económicos no fueron favorables. El gobierno de Alfonsin siente el desgaste y pierde en las elecciones legislativas de 1987 cuatro gobernaciones, entre ellas la de Buenos Aires. Obtiene el 37% de los votos a nivel nacional, contra el 42 del Justicialismo.

Las postales del 87 serán, además de los carapintadas, la del Papa Juan Pablo segundo visitando por seis días la Argentina, el cadáver de Perón con sus manos mutiladas, y la imagen del presidente Alfonsin subido al púlpito de la Iglesia Stella Maris para contestarle al Vicario castrense, Monseñor Medina, que en una homilía habló de corrupción en el gobierno.

El frente interno militar desgastó el gobierno de Raúl Alfonsin tanto o más que las batallas perdidas en el ámbito económico. Los levantamientos carapintadas marcarán el principio y el fin de 1988. Aldo Rico en el primero y Seineldín en el segundo serán sus máximos protagonistas. Paralelamente a estos conflictos el plan Austral comenzó a desbarrancarse en 1988, obligando al aumento de tarifas y concertación de precios. Esa fue la base de sustentación del llamado Plan Primavera.

Las postales del 88 serán, además de los levantamientos carapintadas, la muerte de Alberto Olmedo y la foto de Carlos Menem levantando los brazos tras el sorpresivo triunfo en la interna del Justicialismo sobre Antonio Cafiero.

Un año traumático, desconcertante, fue 1989 para los argentinos. Primero desbordó nuestra capacidad de asombro, cuando la televisión devolvía las imágenes de la locura desatada con el intento de copamiento, a cargo de integrantes del Movimientos Todos por la Patria, del Regimiento 3 de la Tablada. Más tarde comenzamos a ser testigos de como los sectores financieros provocaban una gran corrida del dólar. Una escenografía con aristas similares a la de estos días. Con nombres e intenciones que se repiten. Las maniobras especulativas sembraron dudas sobre la estabilidad de la moneda y la clase media se apiló frente a las casas de cambio, buscando billetes estadounidenses. Con ese escenario el candidato de la UCR, Cesar Angeloz no tenía posibilidades de triunfar en las elecciones presidenciales. Angeloz creyó hacerle un favor a su propia imagen cuando pidió la renuncia de Sourruille. Primero Juan Carlos Pugliese y después Jesús Rodríguez desfilaron por el palacio de hacienda, tan solo para consumir los días faltantes para la entrega del poder. Aquel golpe financiero terminó provocando un proceso hipérinflacionario que derivó en el saqueo a comercios. Alfonsín terminó proponiendo el adelanto de la entrega del poder presidencial al triunfador de las elecciones nacionales del 14 de mayo, Carlos Menem.

Las postales del 89, además del intento de copamiento del regimiento de La Tablada, serán las imágenes de Raúl Alfonsín terminando su ciclo repitiendo lo que tanto dijo en su campaña electoral, el preámbulo de la Constitución, y la de imagen de Menem iniciando un ciclo con transformaciones que no estuvieron en su discurso electoral.