Por Claudio Leveroni

Para convocar a las próximas marchas la oposición deberá elevar el nivel de consignas si pretende atrapar la atención de un núcleo que esté por encima del piso histórico del antiperonismo rabioso que nutrió las más ruidosas que numerosas protestas realizadas en el poco tiempo que lleva Alberto Fernández en la presidencia. Se sabe, es un sector proclive a consumir cualquier argumento, por más disparatado que sea, en tanto y cuanto vaya en contra de la estructura política formada por quien fuera tres veces presidente constitucional. Los moviliza un odio de vieja estirpe.

Para ensanchar esa base quejosa Juntos por el Cambio y la locomotora mediática, que es la verdadera mandante de la dirección hacia donde rumbea este sector, deberán evolucionar en sus argumentos. Reclamar por falta de libertad, o no ser Venezuela atenta contra la inteligencia del ciudadano medio que buscan seducir. Para colmo, lo hacen con una movilización en medio de la pandemia. Demasiado grotesco, y nada sutil el guiño destituyente.

La quinta marcha, en ocho meses del nuevo gobierno, ya fue convocada por los medios concentrados. Será cuando se debata en el Congreso la reforma judicial. El jueves próximo el senado le dará tratamiento. El gobierno cuenta con el número de votos suficiente para sortear con éxito esa sesión. Será diferente en diputados. Por ahora, los números no cierran favorablemente para el oficialismo. Convencer a los bloques más pequeños será determinante para inclinar la balanza. Los gobernadores jugarán un papel central, tienen referentes propios en el Congreso. Es un desafío para Sergio Massa, también para Máximo Kirchner. Ellos timonean las relaciones con legisladores propios y ajenos. El titular de la Cámara baja coquetea con un discurso en el que ratifica su pertenencia al Frente de Todos, pero guarda para sí títulos propios. Anuncia que no está de acuerdo con aumentar el número de integrantes de la Corte, no es algo que plantee el proyecto, pero sirve para el armado de un mensaje que le permite construir puentes con legisladores titubeantes.

El Ejecutivo devolvió gentilezas anticipadas a Massa. En el lanzamiento esta semana de un plan de obras por 2.600 millones de pesos para municipios de la zona norte del Gran Buenos Aires se incluyó a San Fernando, Escobar y Malvinas Argentinas. Dejó afuera a Tigre. Sugestivo, quizás sea una errónea lectura de este cronista, pero se trata de un bastión que Massa intenta recuperar. Las políticas deberían estar siempre por encima de la confrontación personal.

Hay otros hechos que muestran al gobierno con flojedad comunicacional. La manipuleable plaza cambiaria recalentó al dólar en los últimos días. Difícil entenderlo, solo explicable a manejos del poder real. El gobierno acordó la deuda externa y tendrá casi nulos compromisos de pagos en los próximos años. Debería estar más calmo el “mercado”. Sin embargo, el dólar pico en alza. Desde el gobierno desplegaron rumores que dejarían de vender dólares a los ahorristas que van por los 200 mensuales. El propio Ministro Guzmán lo desmintió horas más tarde. ¿Desacople comunicacional o fisuras en las altas cumbres del gobierno? No sería el único. La renuncia de Adriana Puigross como vice ministra de educación y la salida de Sergio Lanzani en Energía son otras muestras de tironeos cruzados. Lo sucedido en la cartera que conduce Nicolas Trota parece más grave. Avanzó en un acuerdo con su par porteña, Soledad Acuña, sin notificar a los legisladores propios en la ciudad. Lo llamaron enfurecidos, tuvo que desandar lo acordado. Lo anunció en un comunicado que no terminó de resolver el conflicto interno.