No importó la alta temperatura agobiante que abrazó este lunes a Buenos Aires, una multitud se volcó a las calles del centro porteño con una necesidad visceral, celebrar el fin de un ciclo que destituyó derechos y hundió en la pobreza al 41% de la población. Ingresar a la plaza fue una tarea titánica, la marea humana ocupó no sólo el histórico predio también tomó las diagonales y accesos linderos. Se entremezclaron distintas generaciones y franjas sociales.

El gentío independiente desbordó a organizaciones convocantes habituadas a controlar movilizaciones. Hubo gremios, no todos los que se esperaban. Las bocas del subterráneo vomitaban personas de a miles. Durante varias horas de la tarde ingresaban y egresaban en cantidades similares. El calor fue venciendo a quienes habían llegado temprano, muchos escucharon el discurso de Alberto Fernández en la Plaza de los dos Congresos. Todo concluyó en orden, sin escaramuzas ni desbordes, con la esperanza puesta en una gestión que carga con una pesada mochila heredada. La multitud se fue con la promesa de “nunca más en el sótano de la democracia”, como definió el flamante presidente.