Por Héctor Gómez

La Organización Mundial de Turismo (OMT) define que el Turismo “consiste en aquellas actividades que las personas realizan mientras están de viaje en entornos donde no es habitual que se encuentren, cuyos fines son el ocio, los negocios u otros y duran periodos inferiores a un año”

A partir de ésta definición debemos encontrar la manera de interpretar esta realidad de hoy que incide en la actividad turística. Primero que nada, considerar el concepto “fines de ocio” definición que ubica en su justa importancia al turismo. Llevado a su verdadera dimensión veremos que solo un escaso 20% de la población puede darse el lujo de disfrutar de su ocio trasladándose a un lugar turístico. Es imprescindible tomar en cuenta los tres niveles que interactúan en esta actividad, desde el punto de vista social y comercial. Primero, un nivel oficial que trate de regular y orientar el turismo. Segundo, el viaje a entornos donde no es habitual que se encuentre el turista y puede ser realizado por él mismo o utilizando cualquiera de los servicios de transporte público o privado que existen. Tercero, el alojamiento en el lugar elegido, que puede abarcar variados servicios; hotelería, camping, viviendas particulares, etcétera.

Consideremos primero que todos los gobiernos intentan regular y promover la actividad. En este nivel la confusión es notoria, puesto que por un lado se promociona el ingreso de personas a los atractivos naturales impulsados por el interés comercial de quienes tienen sus negocios en esos destinos, y por otro se trata de preservar el valor natural, histórico y patrimonial de los mismos considerando la vida de quienes ahí residen en forma permanente. Este conflicto irresuelto, generalmente se inclina más hacia el costado del comercial, perjudicando él hábitat natural. Es notorio hoy, ante las restricciones de la pandemia, como muchas especies animales aparecen nuevamente en sus lugares naturales

El traslado del turista por sus propios medios en vehículos particulares no habilita mayores comentarios, pero el transporte público por cualquiera de los sistemas conocidos sufrirá un impacto importante. Por políticas que han traicionado los intereses del país en beneficio de los proveedores de combustibles, neumáticos y carrocerías se deterioró hasta niveles inimaginables un servicio de transporte ferroviario. Servicio que era un ejemplo en América y podría, en el futuro, asistir con mucha más eficiencia al traslado de seres humanos y carga dentro de nuestra geografía nacional y los países limítrofes. Los que han viajado a Europa podrán confirmar el mantenimiento y excelencia de los servicios ferroviarios que allí existen. Recordemos, también, las políticas asesinas que se han practicado contra Aerolíneas Argentinas que por estos días cumple la tarea de repatriar a quienes la crisis sanitaria encontró lejos de nuestro país.

En tercer lugar, el alojamiento del turista. Tema complejo y donde las empresas y los negocios privados ya están sufriendo un impacto impresionante. No será fácil recomponer un rubro comercial que en algunos lugares de nuestro país solo existía a través del turismo. En los grandes centros urbanos la recuperación de la actividad va a permitir que retomen parte de los niveles de ocupación que sostiene su existencia. En los destinos turísticos, algunos pendientes durante las épocas de baja temporada del ingreso de personas de la tercera edad, la realidad ahí va a ser muy preocupante. También sufrirán un duro impacto las actividades de alojamientos en casas particulares y al aire libre como campings y prácticas con experiencias de contacto con la naturaleza; parapente, rafting, esquí, etc.

Durísima realidad que afectará por mucho tiempo. De aquí en adelante la actividad turística, en todos sus niveles, obligará a replantearnos cuál es la ubicación real en la sociedad. Habrá que tomar en cuenta especialmente a quienes la pandemia mundial golpea mucho más dolorosamente con el hambre y la falta de servicios sociales que los protejan.