El cambio de conducción que este martes sufrió la Corte Suprema de Justicia advierte sobre la intensa actividad que mantiene el gobierno para controlar los movimientos más sensibles que puedan surgir en el ámbito judicial y afecte sus intereses. Aunque con rasgos muy personalistas y con indisimulable protagonismo político de su presidente, la Corte bajo la tutela de Lorenzetti venía manteniendo fallos en esa línea. No es sencillo leer lo que ha sucedido para favorecer el inesperado corte de 11 años de mandato, lo que si está claro es que tres de los cinco jueces se alinearon en ese sentido y lo pusieron en marcha: Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Helena Highton. Los dos primeros vienen propuestos por el presidente Macri, e inclusive no hicieron observación alguna cuando el mandatario quiso introducirlos en forma inconstitucional a través de un decreto presidencial; en tanto que Highton viene siendo apoyada desde la Rosada en su deseo de continuar en el cargo por encima de la edad recomendada para el retiro honorable, los 75 años. No es la primera vez que estos tres jueces se alinean para alcanzar un objetivo, en mayo del año pasado votaron el 2×1 para los genocidas. No parece alocado imaginar que la causa de la fotocopia de los cuadernos, que involucra a la familia Macri, sea un factor determinante para que el gobierno haya tomado la determinación de empujar a Lorenzetti de la presidencia. El ahora expresidente de la Corte se había involucrado en el tema teniendo reuniones con el juez Bonadío y avalando su polémico accionar en esta causa. Una actitud que encendió las alarmas en la Rosada. Le estaban dando poder de fuego a Lorenzetti contra el propio Macri.