Por Claudio Leveroni

Con la sola certeza de priorizar la salud para lograr una mejor calidad de vida entre los argentinos y desembocar en una economía más saludable, Alberto Fernández se encamina hacia la incertidumbre de una nueva semana con agenda hiperactiva. Convocó para el próximo viernes a los gobernadores que deben presentar un listado de pueblos que podrían tener una cuarentena de tipo comunitaria. Seleccionaran regiones que no han tenido casos de coronavirus y se encuentran alejadas de ciudades. El presidente recogerá propuestas y sugerencias de protocolos, para después analizar con el equipo de científicos y especialistas que lo rodean nutriendo las delicadas determinaciones que va asumiendo el jefe de Estado con el correr de los días.

En su meticulosa explicación del viernes pasado, cuando anunció la extensión de la cuarentena hasta el 26 del corriente, Fernández ejerció toda su capacidad docente. Cautivó la curiosidad del grueso de la población que siguió sus explicaciones masivamente por los distintos canales de aire y cable, asumiendo una cadena nacional no programada oficialmente. El resultado se ve en las calles. La obediencia al aislamiento obligatorio es notablemente mayoritaria en la población. Fernández explicó el resultado positivo de ese sacrificio que la población viene realizando.

El grueso de la oposición acompaña. Mucho más quienes están en funciones ejecutivas. Todos los gobernadores quisieron seguir con la cuarentena. Intendentes de las zonas más calientes del GBA, también. El presidente lo agradeció, nombró especialmente a Larreta, y jefes comunales como Grindetti (Lanús), Posse (San Isidro), Jorge Macri (Vicente López) y Valenzuela (Tres de Febrero). Por supuesto también agradeció a los de su propio espació que han mostrado una notable reacción ante la pandemia rearmando, con fondos propios, su propia estructura de salud atentos a la emergencia.

Un sector minoritario opositor gruñe descontento por el crecimiento de la imagen presidencial. La titular del PRO, Patricia Bullrich, está a la cabeza de todos. Detrás de ella se mueven los hilos de Mauricio. Descargan críticas duras de poco calibre. En la vorágine de la epidemia hubo desatenciones que fueron reparadas rápidamente por el gobierno, como los sobreprecios que finalmente no se pagaron en alimentos o la cola en los Bancos al reabrirse para atender jubilados.

No solo el ala política opositora blasfema. Los grupos económicos más poderosos hacen daño, disparan bajo la línea de flote del gobierno, intentan hundirlo.  Techint avanzó con las cesantías de 1450 trabajadores pese a que se encuentra vigente el decreto por el cual el Gobierno las prohibió. Invocan «fuerza mayor» para hacer punta copiando un modelo que en Estados Unidos dejó a casi 7 millones de desocupados en tan solo una semana. Ya son 17 millones los que están sin trabajo en el país del norte.

Detrás de la determinación del grupo que lidera Paolo Rocca, el hombre más rico del país, se zambullen a defenderla economistas y opinadores todo terreno que pululan en radio y televisión. El economista Roberto Cachanosky se despachó contra el último mensaje de Fernandez. Lo hizo a través de una serie de mensajes en Twitter. En uno de ellos señaló: “Muestra los datos de fallecidos contra los peores casos. Que muestre contra Nueva Zelanda, por ejemplo”. El odio ciega, se sabe. El economista neoliberal se dejó llevar por sus más bajo impulsos. “Veo que lanza comentarios al voleo, como es su costumbre, sin rigurosidad. Al 11/4 Nueva Zelanda tiene 1.312 contagiados, con 5 millones de habitantes. Argentina 1.975 casos con 45 millones de habitantes. Estamos mejor”, le respondió este cronista sabiendo que seguirán embruteciendo desde ese odio incontrolable que despliegan. La buena noticia es que son minoría. La mala, que hacen mucho daño.