Por Claudio Leveroni

En diciembre de 1930 el Reino Unido elaboró lo que definió como el Estatuto de Westminster que el Parlamento aprobará, en noviembre de 1931 creando la Comunidad Británica de Naciones (British Commonwealth of Nations). Fue una forma de otorgar un esquema de organización federal a las colonias que reunía el poderoso imperio británico en todo el mundo. Colonias que pasaban a jurar fidelidad política y económica a la Corona.

En julio de 1932 delegados de esas colonias se reunieron en Ottawa con la intención de coordinar el enlace de la producción económica que regiría dentro del Commonwealth. Allí, se acordó una escala de valores conceptuales que establecía: Priorizar la producción local, después la del Imperio y por último los extranjeros.

El genio de un pensador nacional como Arturo Jauretche bautizaría, con sabia ironía, al llamado acuerdo de Ottawa como el “estatuto legal del coloniaje”. Lo haría a sabiendas que, en plena década infame reinante en nuestro país comandada por Agustín P. Justo, aquel gobierno surgido de elecciones fraudulentas asumiría un protagonismo de colonia voluntaria para rendirse a los pies de los intereses de la corona británica.

El gobierno de Justo tenía en su gabinete a ministros representantes de terratenientes y sectores agrícologanaderos que vieron en el acuerdo de Ottawa, una amenaza para la colocación de sus productos primarios a Gran Bretaña. Atendiendo el reclamo de la oligarquía agrícologanadera de nuestro país, Justo ordenó que una comitiva viaje a Inglaterra para que traslade la preocupación de los terratenientes argentinos. Esa comitiva la encabezó el vicepresidente Julio Roca (h) junto a, entre otros, un reconocido técnico en economía, Raúl Prebisch. La contraparte británica en las negociaciones estuvo encabezada por el ministro de Comercio inglés, Walter Runciman.

Las negociaciones se extendieron durante más de tres meses, hasta que el 1 de mayo de 1933 firmaron uno de los acuerdos más vergonzosos en la historia Argentina para los intereses de nuestro país. Aquel infame pacto bautizado popularmente como “Roca-Runciman” sentenciaba, entre otras inequidades, que un 85% de la cuota de importación quedaba en manos de frigoríficos ingleses y norteamericanos afectando la capacidad de control del gobierno argentino sobre su comercio exterior. El pacto también permitió que los frigoríficos exportadores eligieran a los productores que les vendieran la cuota de carne y fijaran el precio de la compra, por lo que tenían derecho a favorecer a los productores nativos que les fueran más convenientes.

La grieta entre nacionalistas y cipayos fue creciendo hasta transformarse en un escándalo denunciado en el Senado nacional por el legislador santafecino Lisandro de la Torre, pidiendo se investigasen los precios pagados por los frigoríficos a personajes vinculados al gobierno de Justo. La lucha del senador por Santa Fe fue implacable y creció con el correr de los meses.

Las consecuencias de semejante batalla contra la corrupción serían letales. En una sesión de la cámara alta De la Torre se levantó de su banca para acercarse a los ministros de Agricultura, Luis Duhau, y de Hacienda, Federico Pinedo, que intercambiaban argumentos en pleno debate por hechos de corrupción que los comprometían. De la Torre reclamó por las denuncias que estaba realizando por maniobras fraudulentas de evasión impositiva en beneficio de frigoríficos ingleses. Duhau respondió con un empujón y lo hizo caer al suelo. Otro senador, Enzo Bordabehere, también santafesino y compañero de bancada de Lisandro de la Torre en el Partido Demócrata Progresista, se acercó a él. Lo hizo en el mismo momento que un ex comisario, Ramón Valdez Cora, que oficiaba de guardaespaldas ministerial, disparó cuatro balazos. Bordabehere recibió dos tiros por la espalda y un tercero en el pecho que le provocaron la muerte poco después, mientras era asistido en el Hospital Ramos Mejía. Ese atentado fue llevado al cine en la película Asesinato en el Senado de la Nación, realizada en 1984 y protagonizada por Pepe Soriano en el rol de De la Torre y Arturo Bonín en el papel de Bordabehere.

El traumático hecho ocurrido en julio de 1935, continuó con un duelo a pistola entre Pinedo y de la Torre que se concretó en Campo de Mayo el 25 de julio de 1935. Duhau y Pinedo retaron a De la Torre pocas horas después del asesinato del senador Bordabehere. Don Lisandro rechazó el reto de uno de ellos señalando que los duelos se realizaban entre caballeros, una condición que para él no reunía Duhau. Aceptó el reto de Pinedo, y aunque hay versiones distintas sobre el mismo, ambos salieron ilesos. Lisandro de la Torre se suicidaría en enero de 1939.