Buscando fortalecer sus políticas de salarios a la baja el Poder Ejecutivo Nacional envió al Congreso nuevamente el proyecto de flexibilización laboral, después que quedara empantanado en diciembre último cuando no logró sortear el fuerte rechazo de bancadas opositores. 

Con el Mundial de fútbol a punto de comenzar el gobierno nacional insiste con una controvertida reforma laboral. La iniciativa propone un blanqueo para empresarios que tengan empleados en negro (se estima que hay más de 4 millones en todo el país) y se insiste con la modificación (siempre a la baja) de las indemnizaciones a través de un fondo de cese laboral y la rebaja de los aportes patronales a la seguridad social. El Ministro de Trabajo Jorge Triaca minimizó las consecuencias negativas para los trabajadores destacando que «el proyecto que mandamos al Congreso tiene una mirada integral que busca generar vínculo entre trabajadores y empleadores que priorice el consenso y no el conflicto».  Las reacciones no se hicieron esperar. Juan Carlos Schmid, uno de los triunviros de la muy perezosa CGT, rechazó de plano la iniciativa, en especial el cambio en el cálculo indemnizatorio. Héctor Daer, otro de los referentes cegetistas, también lanzó críticas definiendo la intentona de Cambiemos como una avanzada contra los derechos laborales del trabajador argentino. Lo hizo mientras presentaba a la Presidenta de Brasil Dilma Rousseff de paso por Buenos Aires visitando la sede de la CGT. El ex Ministro de Trabajo Carlos Tomada definió al proyecto como una atrocidad donde el trabajador se va a pagar su indemnización.