Por Claudio Leveroni

A poco más de dos semanas de dejar el poder Mauricio Macri busca fortalecer su posición como principal líder de la oposición. Juega en redes sociales a ser un hombre común y convoca a que lo ovacionen en plaza de mayo el 7 de diciembre próximo. Comenta que le gustan las cumbias (sic), como lo señaló en vivo comunicándose por Instagram con sus seguidores. Les dijo también que se va a dedicar a leer mucho y descansar (sic).

Para consolidarse como referente central opositor en los tiempos políticos por venir deberá hacer mucho más que eso, no será tarea fácil. Tiene en su haber que, para esa vacante, no hay figuras de relieve que sobresalgan por encima de la media general. En su contra cuenta con un debe muy grande. Carga con el peso de haber estado al frente del gobierno con la peor performance desde 1983. Podríamos, inclusive, incluir en esta evaluación al inconcluso período de De la Rua. Ambos gobiernos fueron un auténtico retroceso tanto social como económico para los argentinos.

Los años de Macri fueron peor aún que el acotado periodo del mandatario radical, que concluyó con saqueos y una brutal represión que dejó 39 muertos. Cuatro años atrás el actual presidente saliente recibió un gobierno en muchas mejores condiciones que aquel de 1999. En 2015 el país estaba desendeudado en dólares, no cargaba compromisos con el FMI, los salarios (salvo 2016) habían estado igual o por encima de la inflación en los últimos 10 años, y se había puesto en valor el trabajo nacional recuperando parte de la matriz productiva que permitió un progresivo descenso de la tasa de desempleo.

La deuda que generó Macri en tan poco tiempo podría ser parte de una página trágica de records Guinness, difícil encontrar en el mundo que un gobierno asuma tanto compromiso externo en tan poco tiempo. Emitió 12.300 millones de dólares en el mercado de capitales internacionales (que incluye un insólito bono a 100 años), tomó 50 mil millones de dólares del FMI y emitió, a través del Banco Central, Lebac y Leliq por billones de pesos que equivalen 64 mil millones de dólares. Macri recurrió también al Tesoro Nacional para emitir más deuda a través de Letes, Lecap y Lecer por 32.500 millones de dólares. En total, una deuda externa de casi 160 mil millones de dólares tomada en un abrir y cerrar de ojos. Lo pudo hacer porque recibió una Argentina desendeudada.

El rotundo fracaso de Macri deja en default a la argentina. No es de ahora, comenzó en marzo del año pasado cuando Wall Street le bajó la persiana anunciando que no había más crédito internacional para el país. Lo hizo después de observar que “el mejor equipo de los últimos 50 años” había esfumado los millones de dólares recibidos sin poder precisar con claridad que se había realizado con semejante fortuna. Más perverso resulta aún observar que el gobierno decidió endeudarse en dólares para pagar gastos corrientes en pesos. Hay un inconfundible síntoma que preanuncia sospecha agravada de corrupción. Lo deberá investigar la justicia. La pesada herencia la deberemos pagar todos los argentinos, incluidos aquellos que el 7 de diciembre irán a la Plaza de Mayo para despedir al responsable de la peor administración desde la recuperación democrática, y más atrás también. Ni la dictadura se atrevió a tanto en términos económicos.