Por Héctor Gómez

Hay en el barrio de Belgrano, una Calle muy extensa y muy particular porque empieza como tal y termina convertida en Avenida. Ese tramo, hoy Avenida, antes fue una calzada empedrada no muy ancha rodeada por veredones de césped y donde sobre uno de ellos circulaba el tranvía entre dos hileras de árboles. Su nacimiento comienza en el cruce con Dorrego, donde toma su nombre a cambio del de Costa Rica.

La primera cuadra, ocupada totalmente por el lateral del Colegio LeonXIII, se sumergía luego en un amplio y profundo basural, depósito de enormes carreteles de cables en desuso de las empresas de instalaciones eléctricas y telefónicas. Esa hondonada, que se extendía hasta el cruce con Jorge Newbery, hoy rellenada y parquizada, alberga actualmente al CEAMSE que maneja ahí, los residuos de Buenos Aires. Esta, nuestra calle, que conocemos como Cramer, sigue desde ahí paralela a las vías de Ferrocarril Mitre, antiguamente Central Argentino para los ingleses, bordea la estación Colegiales y al llegar al 1600 y encontrarse con la Avenida El Cano hace una extraña pirueta, cruza por debajo de las vías del tren y unos metros más allá, totalmente liberada de la compañía ferroviaria se convierte en la Avenida Cramer. Nombre que hace honor a Ambrosio Cramer, un coronel francés que formó parte del ejército de San Martín en Chacabuco, participó en innúmeros combates de nuestras luchas civiles y termino muriendo en la batalla de Chascomús, en 1839, peleando contra Prudencio Ortiz de Rosas.

Los extraños caminos de la vida de quien da nombre a la Avenida se reproducen un poco en el trazado y la historia de la calle donde, por más de cincuenta años, Platense tuvo su mítica cancha de futbol en la esquina con Manuela Pedraza, hasta que en 1971 se trasladó a la actual y el espacio fue dedicado a otras prácticas deportivas. En ese humilde estadio con tablones de madera pude ver aquella famosa delantera de Independiente que además integraba completa la Selección Nacional. Gobernaba el general Perón y Argentina el 14 de mayo de 1953 en la cancha de River disputó un partido contra la selección inglesa, muy recordado porque ser el primer triunfo frente a Inglaterra. Faltaban dos años aún para que naciera Maradona pero Ernesto Grillo, casaca número 10 del rojo y la selección, desde un imposible costado del arco inglés, consiguió un gol tan valorado que la fecha fue la elegida después como Día del Futbolista Argentino.

Más adelante cruzando Monroe, estaba el Bodense, un antiguo y excelente restaurante cervecería de estilo alemán, que en su sótano, decorado con una imagen de Hitler, albergaba reuniones donde nazis añosos recordaban sus épocas de esplendor. A solo siete cuadras y sobre la misma avenida, ya amplia sin los veredones y donde el asfalto ha reemplazado al adoquinado, existe el templo de Saint Saviors Church o Iglesia de San Salvador que responde al culto Anglicano. Este hermoso templo fue creado en 1897 para que los ingleses que vivían en Belgrano cerca de las vías ferroviarias, tuvieran un lugar donde practicar su religión. Aquellos súbditos ingleses, radicados en esa zona de Belgrano desde 1870, disfrutaban también de las facilidades de transporte que brindaba el servicio del tramway de los Lacroze. El templo que tiene frente hacia Cramer estuvo siempre rodeado de un amplio y muy cuidado jardín con caminos de piedritas que se extiende hacia atrás separado del edificio de dos plantas que sirve como dirección, biblioteca, dependencias y salones varios.

Hacia el lado sur el edificio se completa con un departamento que sirve de alojamiento a quienes cuidan y mantiene las instalaciones. Sobre el lado norte existe un amplio salón de actos con escenario y equipo de luces, preparado para eventos comunitarios y clases, donde entusiastas amantes del teatro, realizaban espectáculos en inglés para los integrantes de la comunidad. Recuerdo con mucho cariño los más de ocho años que viví ahí con mis padres, cuidadores del templo y sus instalaciones. En los horarios donde no había actividades en el mismo y por la buena disposición del pastor Burton jugábamos pequeños partidos de futbol inclusive con Cristopher, su hijo, que tenía unos años menos que nosotros. En aquel salón grande, como lo llamábamos, también supimos festejar, los sábados por la noche, cumpleaños y pequeñas reuniones bailables con amigos y parientes.

Era la época del 50, en el silencio de la noche escuchábamos los chirridos de las ruedas del tranvía que tomaba la curva de Cramer hacia La Pampa para dirigirse al cruce con Cabildo. Era septiembre del 55 y mientras compartíamos el mate con alguna torta frita, encerrados por una lluvia que no parecía dispuesta a parar, escuchábamos las informaciones y proclamas de quienes habían derrotado al Gobierno con un golpe militar. Cuesta conjugar aquella amable convivencia con esa comunidad de ingleses, la familia de Cristopher, su madre Ivonne y su padre el pastor Douglas H. Burton, con la triste realidad de nuestras diferencias por el dominio de unas remotas islas del Atlántico Sur. Son aquellas, nuestras Islas Malvinas, ubicadas a solo 1.100 kilómetros del puerto de Rio Gallegos, que la Corona Británica, a 13.000 kilómetros de distancia, todavía hoy pretende como suyas.