El índice de pobreza en la actualidad, medido por el INDEC de Todesca, es de 25,7%. Ejercitar la memoria resulta un buen ejercicio ciudadano para repasar de donde venimos, que país tuvimos hasta hace tan solo 16 años atrás. Por aquel, entonces los pobres se multiplicaban velozmente y los cartoneros fueron una postal demostrativa del fracaso de políticas demasiado similares a las actuales. (El audio que acompaña esta nota corresponde a un compacto del programa Causa Pendiente emitido en 2002).

Con la devastadora crisis que hizo eclosión en el 2001/02, las principales ciudades de Argentina, y Buenos Aires en particular, incorporaron en su escenografía cotidiana el calcino andar de los cartoneros, que se fueron multiplicando a medida que la crisis crecía y hundía todos los días a más personas en la indigencia y pobreza. La del 2002 era una Argentina literalmente arrasada. Tenía el 57,5% de los argentinos, unos 20.815.000 de personas, viviendo en hogares pobres. Y de ese total, 9.955.000 eran indigentes según datos del INDEC correspondiente a octubre de ese año, superando la medición anterior de mayo de 2002 que había sido del 53% de pobreza (19,1 millones de personas). Lo que equivale a decir que solo entre mayo y octubre de aquel año se generaron 1.645.000 nuevos pobres, de los cuales 973.000 son nuevos indigentes.

Fue el resultado que dejaron políticas de endeudamiento externo, sin creación ni fortalecimiento de la industria local, y la entrega de decisiones soberanas a organismos internacionales como el F.M.I. Bajo este esquema de extrema pobreza nunca alcanzada en nuestro país, los cartoneros surgieron como una versión desmejorada del viejo botellero.

Datos que entregaba a mediados del 2002 el Ente Único Regulador de los Servicios Públicos de la Ciudad de Buenos Aires daban cuenta que el 28% de la basura que arrojaban los vecinos de la Capital Federal era reciclable. El 70%, de ese 28%, era recolectado por los cartoneros después de una paciente selección. Por aquel entonces se evaluaba, desde el gobierno porteño, que eran 40 mil los cartoneros que ingresaban y salían diariamente de la Capital Federal. Una cifra que se multiplicaba para transformarse en un regimiento de 150 mil personas realizando esa tarea en todo el país. Su trabajo fue tan constante que en los primeros siete meses del 2002 la recolección de residuos domiciliarios, en la ciudad de Buenos Aires, cayó un 20% si se la compara con el mismo período del año 2001. Una brutal medición del acelerado proceso de degradación social que sufría la Argentina en aquel entonces.

El movimiento de los cartoneros generó que las empresas concesionarias de los ferrocarriles suburbanos, tengan que organizar formaciones especiales para trasladarlos. Un servicio especial que los ferrocarriles bautizado como el tren blanco. Eran vagones a los que se les había sacado los asientos para permitir que los cartoneros puedan acomodar sus carros. Una formación que solo se detenía en algunas estaciones.

Cada cartonero ganaba de acuerdo a la suerte que tenga en la recolección diaria. La cifra mensual oscilaba entre los 150 y 300 pesos, haciendo la tarea más dura, la más peligrosa e ingrata. Sin embargo, no son quienes se llevan los mayores dividendos del negocio. Los acopiadores, que son los dueños de los grandes galpones donde cada cartonero llevaba su producción diaria, ganaban 70 mil pesos mensuales.

Un informe de aquel tiempo, realizado por el gobierno porteño, indicaba que los cartoneros de la ciudad movilizaban unos 100 millones de pesos por mes, la mitad quedaba en manos de 6 grandes acopiadores. La actividad de los cartoneros, y la cada vez mayor cantidad de personas que realizaban esa tarea, generó una reacción solidaria de muchos vecinos. Durante muchos meses, en Barrio Norte, Belgrano, Once, San Telmo y Congreso, todas las noches, vecinos compartían sus cenas con cartoneros. En la puerta que da a la calle Austria del Hospital Rivadavia, se ofrecían, los lunes y jueves motorizados por una vecina de la zona Gloria Polfranceschi. El gesto de solidaridad también llevó a los vecinos a clasificar la basura en distintas bolsas, para facilitar la tarea de los cartoneros.

Una encuesta publicada por el diario Clarín a principios de septiembre de 2002, revelaba que el 45% de las personas consultadas tienen un sentimiento solidario con los cartoneros, a un 33% le despierta compasión, y un 15% siente rechazo. Un trabajo realizado por el Centro de Estudios del estado, destacaba la vocación solidaria del argentino medio destacando que en el país había tres millones y medio de personas que participaban en organizaciones o realizaban tareas desinteresadas, para ayudar a los demás. Los cartoneros porteños de hoy están organizados en 12 cooperativas que emplean a 5.500 personas y están dentro un marco legal que si bien existe desde 2005 su proceso de organización real demoró varios años más.

Este audio corresponde a un compacto del programa Causa Pendiente emitido en el año 2002