Jueves a pleno sol, cielo despejado, temperatura de verano agradable. Doscientas sombrillas, estampadas con un muy visible logo de la Provincia de Buenos Aires, cada una con dos sillas reposeras, están distribuidas sobre un enorme manto de arena preparado para la ocasión. Están ubicadas en la costa de Vicente López, a un lado del arroyo que divide este distrito bonaerense de la Capital Federal. Pese a las buenas características climáticas de la jornada el lugar se encuentra casi sin gente, vacío. No se cobra ingreso, es un despliegue de la gobernación bonaerense y el municipio local. Hay canchas de vóley playeras, baños químicos y un improvisado escenario desde donde se escucha música. Una joven promotora está en absoluta soledad, solo 15 personas ocupan cinco de las 200 sombrillas. Los vendedores ambulantes que deambulan por el extenso paseo de la costa esquivan el lugar. Tiene lógica, la multitud ignora el ofrecimiento, se distribuye fuera de ese radio. Se la ve bajo los árboles, coloca mantas sobre el césped, disfruta el verde, juega con pelotas, utiliza los aparatos deportivos y juegos infantiles instalados a lo largo del paseo inaugurado hace una década por quien fuera intendente de este distrito, Enrique García. Las playas truchas son un fiasco. Lo son porque no representan el sentir de la gente que va a disfrutar del río, solo interpreta una necesidad de mostrar, en forma ostentosa, algo de poca utilidad con mucho potencial publicitario. Termina siendo eso, un enorme y costoso panfleto en año electoral. A pocos metros de la playa trucha esta la realidad. Un basural con latas, vidrios, animales muertos y centenares de botellas de plástico que podrían ser recogidas y no lo son. Un auténtico shopping para roedores. Los cestos son insuficientes y no hay personal que realice tareas de limpieza. La costa de Vicente López es la más sucia de la zona norte. Los distritos vecinos de San Isidro y San Fernando tienen personal rastrillando la costa para limpiarla de desperdicios que devuelve el río y arroja la gente. En Vicente López solo parece importar la estética, lo perceptual a primera vista, la cáscara y no el contenido. El distrito parece gobernado por gente que no pertenece a este lugar, que no tiene una real dimensión de lo que representa el placer popular de estar junto al río.