Por Claudio Leveroni

Esta madrugada falleció Claudio Bonadio. Tenía 64 años, se recibió de abogado en 1988, y cinco años más tarde, en 1993 fue nombrado juez federal de Morón, cargo nunca terminó de asumir. Menos de un año después se hizo cargo del juzgado federal número 11 donde se desempeñó, durante 25 años, hasta la actualidad.

Su rápido ascenso, que lo llevó a la titularidad de un juzgado federal después de tan solo cinco años de haberse recibido de abogado, estuvo ligado a su pertenencia al poder político gobernante en los años noventa cuando Carlos Menem ejercía la presidencia y Bonadío era un estrecho colaborador de Carlos Corach, por entonces Secretario Legal y Técnico de la presidencia y más tarde Ministro del Interior de Menem.

En 1996, tras dejar el cargo de Ministro de economía, Domingo Felipe Cavallo, confrontó duramente con Corach, a quien denunció que estaba armando una estructura judicial para perseguirlo. Cavallo fue el que denunció que los nombres de los jueces amigos de Corach estaban escritos en una servilleta. De allí surgió aquello de los jueces de la servilleta de Corach. Entre los nombres escritos en ese papel estaba el de Bonadio.

No acumuló méritos que permitan, en tan poco tiempo ejerciendo la abogacía, catapultarlo como juez federal. Lo fue por bendición política y no por currículum judicial. Bonadio es uno de los magistrados con más denuncias en su contra en el Consejo de la Magistratura. Logró sortear con éxito más de 50.

Las tuvo en todos estos años en que ejerció el poder judicial desde Comodoro Py. Le podrían haber bajado el pulgar en los años de Nestor Kirchner y Cristina Fernández y eso no sucedió. Mucho menos en los tristes cuatro años que gobernó Mauricio Macri. Por el contrario, ahí tuvo la bendición para encabezar una cruzada judicial cargada de odio contra Cristina Fernández, su familia y exfuncionarios de su gobierno.

Entre estas se encuentran la causa Hotesur, sobre presunto lavado de dinero de sobornos y la causa de los cuadernos, donde se investiga sobre presuntos sobornos en la obra pública. También armó una causa por supuestas irregularidades en la importación de Gas Natural Licuado (GNL), otra por dólar futuro y por la firma del memorándum de entendimiento con Irán y la más polémica y floja de papeles de todas, la de las fotocopias de los cuadernos.

Una verdadera cadena de causas contra funcionarios de un gobierno, que lo tenían al juez de la servilleta de Corach como interviniente. En muchas con la ayuda del fiscal Carlos Stornelli quien por estos días está procesado por el juez federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla, que lo considera parte de una organización criminal clandestina compuesta por numerosas personas, entre ellas agentes inorgánicos y orgánicos de la AFI.

En el trascurso de la mañana la abogada Graciana Peñafort, que en su momento defendió al fallecido ex Canciller Timerman, comentó: “Me hubiese gustado que Bonadio se curara de su enfermedad. Eso es lo que distingue a nuestra familia de lo que hizo él con Hector”.

La abogada recordaba una de las más brutales decisiones de Bonadio, cuando no le permitió a Timerman viajar a EEUU para continuar con el tratamiento de una enfermedad terminal que, finalmente acabó con su vida. Peñafort concluyó su mensaje diciendo: “Espero que la justicia de Dios sea mas justa y misericordiosa de lo que fue Bonadio como juez”.