Por Claudio Leveroni

La fuerza es el derecho de las bestias es el título de un libro que escribió Juan Domingo Perón en 1958 desde un exilio que lo forzó a estar 17 años alejado de su pueblo. Su apellido, junto a otras palabras y frases que simbolizaban el movimiento que encabezó, fueron prohibidos nombrarlos por decreto. Así lo impuso la dictadura que derrocó a Perón en 1955. Fue después de atentar varias veces contra su vida, incluyendo un bombardeo a la Plaza de Mayo repleta de civiles que dejó más de 400 víctimas fatales incluyendo 40 niños que estaban en un micro recorriendo la ciudad. La secuela de violencia no se detuvo con el derrocamiento de Perón. Siguió con fusilamientos, como los que describió en Operación Masacre Rodolfo Walsh, y proscripciones que silenciaron la voluntad de las grandes mayorías durante años.

La violencia impuso derechos, abrió posibilidades de perpetuar la injusticia, el aniquilamiento del adversario y la sinrazón se erigió como bandera. ¿Cuánta de aquella violencia sigue rodando entre nosotros en la actualidad?

La postal que dejó este 9 de julio es una respuesta. La sinrazón sigue siendo bandera de esa virulencia y el odio su combustible. No se escuchan argumentos lógicos para atacar contra un gobierno que lleva seis meses en funciones, tres de ellos atravesados por una pandemia que no registra antecedentes similares en los últimos 100 años. Es posible que el brutal ataque que recibieron periodistas a manos de estos violentos, sea una manera de silenciar sus propios argumentos sobre la protesta.  Siempre hay mano de obra útil para causas miserables.

 

* Foto de Juani Ignacio Roncoroni. 9 de julio de 2020. Obelisco, CABA. El periodista agredido es Ezequiel Guazzora