La agitada semana cambiaria dejó un tendal de interrogantes sobre el futuro inmediato de la economía argentina y los costos de sus desajustes y mala toma de determinaciones por parte de un equipo económico que no para de justificar sus desaciertos en la herencia recibida.

Lo cierto es que la deuda argentina hoy es superior a los 203.000 millones dólares, el 65 % es en moneda extranjera y 50 mil millones corresponden a Lebac (bonos en moneda argentina) que emitió el Banco Central por un equivalente a 1,3 billones de pesos. El peso de la deuda para un país varía según su producto bruto interno, que indica cuanto de la producción de bienes y servicios de un año es necesario aportar para abonar esa deuda. La herencia que recibió Mauricio Macri en 2015 representaba el 37,6% de una deuda de una deuda que era mayoritariamente en pesos. Tras dos años y medio de la gestión de la alianza Cambiemos subió al 69,1%.

El Banco Central está teniendo una enorme responsabilidad en el desmanejo de estas variantes, tanto que dilapido 10 mil millones de dólares en tres meses para intentar frenar la suba del dólar, algo que no logró, hundiendo el peso argentino en una enorme devaluación y una inflación ascendente que, desde distintos ámbitos económicos, evalúan estará en 29% o 30% anual.