No pocos analistas observan que, a partir de la puja que mantienen las principales potencias por la innovación tecnológica y el dominio en su desarrollo y expansión, se puede vislumbrar la formación de un nuevo orden económico mundial. Un proceso de final incierto que mantiene como principales protagonistas a China, Rusia, la Unión Europea y Estados Unidos, este último ha sido el principal impulsor de la última versión del modelo capitalista donde la especulación desplazó a la producción.

El filósofo esloveno Slavoj Zizek asegura que este nuevo formato de control y dominación mundial ya se encuentra en pleno proceso. “El asunto consiste en qué forma de capitalismo se está volviendo predominante. El capitalismo socialdemócrata, con Estado del bienestar, está amenazado”. Zizek reflexiona y cuestiona ciertos postulados establecidos como verdades absolutas: “Se dice que el comunismo no funcionó. Pero mire lo que ha pasado en China en el último medio siglo. ¿Ha habido alguna vez en la historia de la humanidad un desarrollo económico tan explosivo?”. El filósofo observa que el dominio de la puja tecnológica será clave para determinar el rumbo del actual proceso de transformación del capitalismo. “La clave es el nuevo desarrollo de los coches eléctricos. El temor es que China intente desarrollar este tipo de coches. Pues no es ya solo la cadena de ensamblaje de la economía mundial, sino que desarrolla su propia economía”.

Repasar como se ha formado el capitalismo, como sistema económico en el cual el dominio de la propiedad privada desempeña un papel fundamental, nos puede ayudar a imaginar cómo será el nuevo esquema de dominación mundial. Tanto los mercaderes como el comercio existen desde que existe la civilización, pero el capitalismo como sistema económico no apareció hasta el siglo XIII en Europa sustituyendo al feudalismo. Según Adam Smith, los seres humanos siempre han tenido una fuerte tendencia a «realizar trueques, cambios e intercambios de unas cosas por otras». Este impulso natural hacia el comercio y el intercambio fue acentuado y fomentado por las Cruzadas que se organizaron en Europa occidental desde el siglo XI hasta el siglo XIII. Las grandes travesías y expediciones de los siglos XV y XVI reforzaron estas tendencias y fomentaron el comercio, sobre todo tras el descubrimiento del Nuevo Mundo y la entrada en Europa de ingentes cantidades de metales preciosos provenientes de América. El orden económico resultante de estos acontecimientos fue un sistema en el que predominaba el intercambio de bienes y no su producción. La importancia de la producción no se hizo presente hasta la Revolución industrial que tuvo lugar en el siglo XIX. Desde entonces la multiplicación del capital se sostiene básicamente en la producción de bienes y servicios, algo que, como veremos más adelante, comenzó a ser suplantado en los años setenta con la especulación financiera que apuntó a multiplicar el dinero sin el respaldo de la producción. Aunque se sostiene en la actividad privada, el rol del estado ha sido determinante para la implementación del capitalismo bajo un nuevo orden económico que terminó de afianzarse a mediados de los años cuarenta, al finalizar la segunda guerra mundial.

Cuando aún sonaban las bombas de la segunda guerra mundial, en Julio de 1944, se reunieron en Bretton Woods, en el norte de los Estados Unidos, dirigentes de 30 países con la decisión de fijar los ejes de las nuevas políticas monetarias y comerciales una vez finalizado el conflicto bélico. La creación del FMI y el Banco Mundial, serían parte central en la discusión del nuevo orden. El Banco Mundial financiaría la reconstrucción en los países afectados por la guerra, y el Fondo Monetario Internacional estabilizaría los índices de cambio y los desequilibrios en la balanza de pagos. El acuerdo de los aliados triunfantes, estableció un nuevo sistema de paridades, con la convertibilidad oro-dólar, transformando el signo monetario estadounidense como la nueva moneda fuerte del mundo.

Resulta importante detenerse a analizar cómo fue la disputa interna, entre británicos y norteamericanos, para determinar las características más importantes del nuevo modelo. Antes de la aprobación del Convenio Constitutivo del Fondo Monetario Internacional, dos proyectos lucharon por orientar sus políticas. Dos economistas estaban a la cabeza de cada uno de esos proyectos en pugna. John Maynard Keynes, representante de los intereses británicos, y Harry Dexter White, que impulsaba el proyecto norteamericano.

Keynes sostenía que cada país debía tener independencia en la planificación y ejecución de su propia política económica. Proponía la creación de la “Unión Internacional de Compensación”, cuyo objetivo sería evitar desequilibrios, y cubrir el déficit de los países deudores con los saldos positivos de aquellos con balanza favorable.

White, en cambio, preconizaba la creación de un Fondo Internacional de Estabilización, para facilitar créditos a aquellas naciones con saldo negativo en sus balances de pago. Un fondo constituido mediante el aporte de oro y monedas domésticas, de los países miembros. De esta forma, y a diferencia de la propuesta inglesa, este organismo tendría la capacidad para crear medios de pago internacionales.

Mientras elaboraban los borradores del acta de nacimiento del FMI, White y Keynes disintieron, también, a propósito de las naciones que serían admitidas en el Fondo. El economista británico sostenía que la ayuda financiera para la reconstrucción de posguerra no debía ser canalizada a los países que tuviesen economía centralmente planificada, como la Unión Soviética. Pero, el economista estadounidense impuso su criterio y la URSS fue admitida en el FMI. No sería por mucho tiempo, menos de un año después de la constitución del FMI, Josif Stalin retiró a la superpotencia oriental del organismo.

La conferencia de Bretton Woods en 1944, donde fue creado el FMI, fue presentado como un plan conjunto anglo-norteamericano, aunque en realidad no fue otra cosa que una versión levemente modificada de la propuesta White, quien por entonces era Secretario del Tesoro norteamericano, y aunque resulte extraño, estaba sospechado e investigado por el FBI de ser un espía soviético.

En diciembre de 1945 el FMI se constituye como tal. Cuando sus tareas originales, ligadas a la posguerra, finalizaron, el organismo fomentó políticas para la acumulación de poder. Comenzó a forzar la colocación de dinero en países en vías de desarrollo y con democracias débiles o gobernadas por dictaduras. Una tarea que se desarrolló especialmente a principio de los años setenta, aprovechando la colocación de los excedentes que producía la renta petrolera mundial. No hubo, por entonces, cláusulas rigurosas ni misiones especiales de funcionarios del FMI para controlar la marcha de las economías de los países que se estaban endeudando. Aún más, el Fondo financió gobiernos surgidos desde la ilegalidad, como fueron las dictaduras de América Latina, a quienes incentivó a fomentar el proceso de revalorización financiera que en la argentina regenteó José Alfredo Martinez de Hoz quien interpretó fielmente el proyecto político que se imponía con el endeudamiento. El capitalismo especulativo se fortaleció como modelo en éstos años setenta, como parte de un proyecto político de dominación que regenteaba Estados Unidos a través de organismos internacionales como el Banco Mundial y el FMI. Para tomar dimensión de lo que esto representó es bueno recordar que en, 1976, cuando el gobierno de María Estela Martínez fue derrocado, tenía una deuda pública de poco más de 6 mil millones de dólares. Cuatro años más tarde, en 1980 el monto adeudado era de 14.459 millones de dólares en el ámbito público, y 12.703 millones en manos privadas. Antes de dejar el poder la dictadura se encargaría de unificar esa deuda para que quede toda en manos del Estado Nacional. Los privados pudieron transferir sus deudas gracias a un mecanismo denominados seguros de cambio que implemento Domingo Felipe Cavallo desde la Vicepresidencia del Banco Central. En 1983, la dictadura argentina se retiró dejando una deuda, ahora unificada a través de los seguros de cambio que impuso Domingo Felipe Cavallo, de 43 mil millones de dólares.

Porcentajes de endeudamiento similares fueron impuestos, en aquellos años, a las distintas naciones de Latinoamérica que también soportaban dictaduras similares a las de nuestro país. Estos compromisos forzados actuaron como un verdadero grillete para evitar decisiones de políticas independientes de las generaciones futuras de nuestro continente. Los mecanismos de dominación se mantienen. En la actualidad el esquema se repite en nuestro país con políticas activas de endeudamiento implementadas en la gestión Macri a partir del 2015. El nuevo orden económico asomará en el mundo y encontrará a Argentina en lucha por sobrevivir a la brutal dependencia que está siendo sometida. El país se encontrará muy lejos de la mesa chica internacional que integran las naciones que ya están fijando las reglas del nuevo acuerdo del siglo XXl.