Por Claudio Leveroni

Ya no es una novedad afirmar que la pandemia se ha transformado en una auténtica bisagra de época. El coronavirus, que está causando estragos arrastrando a la muerte a miles de personas, también tiene escrito su epitafio para la economía mundial. Habrá un obligado barajar y dar de nuevo en el desarrollo tecnológico, industrial y el consiguiente consumo que nutre a las sociedades en la actualidad. Una nueva puja de poder que alcanzará distintos niveles y, seguramente, nuevos protagonistas. Los cambios de paradigmas serán parte del correlato cultural que dejará la pandemia. ¿Será para mejor, o en realidad solo se profundizará la crisis de valores que atraviesa la humanidad en su destinó ineludible hacia una mayor igualdad?

El primer interrogante que plantea la post pandemia es saber quién terminará pagando las consecuencias del desbande económico que dejará la brutal caída del PBI en todo el mundo. Acaso recaerá, como estamos acostumbrados, en un nuevo ajuste cuyo peso principal soportarán las capas bajas y medias de la población mundial, o esta vez les tocará a los sectores más acaudalados. Este es el epicentro de una batalla que ya comenzó desde el día uno de la pandemia. Una prueba piloto de esta pulseada se desarrolla en nuestro país con la propuesta oficial de un impuesto a los ricos. Un aporte por única vez que afectará sólo a 12 mil personas que, en conjunto, tienen la mayor riqueza acumulada del país. Declararon bienes por más de 200 millones de pesos. Tendrá una alícuota inicial del 2 por ciento y se aplicará de manera gradual hasta un máximo del 3,5 por ciento, para quienes tengan un patrimonio superior a 3.000 millones de pesos.

La propuesta alertó a la crema del país que salió con los tapones de punta defendiendo a capa y espada la intangibilidad de su riqueza. A través de sus propios medios de comunicación, que son los de mayor masividad, se erigen como creadores de fuentes de trabajo. Se abrazan a sus fortunas y prefieren hacer donaciones. Una acción que no conlleva obligaciones futuras, ni deja antecedentes jurídicos. Con esto, pese a la emergencia que atraviesa el Estado nacional envuelto en gastos extraordinarios para desarrollar un sistema sanitario capaz de controlar al virus, han logrado retrasar el ingreso parlamentario de la iniciativa.

El oficialismo por estas horas busca fortalecer la argumentación del impuesto con el apoyo explícito, a través de una solicitada que firmarán personas que integran el mundo de la ciencia, la universidad y la academia en general, que respaldan esa quita porcentual a las grandes fortunas.

La iniciativa no camina sola. El gobernador bonaerense, Axel Kicillof impulsa llevar de 7 a 12 por ciento el tributo a Ingresos Brutos correspondiente a las entidades bancarias. En tanto que las empresas agroquímicas abonarán un 2,5 por ciento, y las empresas proveedoras de Internet, que superen los 500 millones de pesos anuales de ingresos, pagarán el 6%.

La baja en la recaudación es brutal, y no solo afecta a la Nación y las provincias. También la sufren los Municipios que ya no saben cómo hacer para cubrir los gastos corrientes. La semana pasada el intendente de Ensenada, Mario Secco, comentó en un set televisivo que debía afrontar gastos mensuales por 50 millones de pesos para este mes y solo había recaudado 2 millones.  Su par de Vicente López, el referente del Pro Jorge Macri, inesperadamente, se quejó porque las familias que viven en la franja más rica de este distrito no están pagando las tasas municipales.