Por Claudio Leveroni

Aunque varios de sus más cercanos aliados y colaboradores se lo desaconsejaron por atemporal Larreta puso primera y se lanzó a un paciente armado electoral. Comenzó programando visitas, que se encargó de hacer trascender, con tres intendentes de Juntos por el Cambio, Julio Garro (La Plata), Jorge Macri (Vicente López), y Diego Valenzuela (Tres de febrero). Una terna que desde octubre del año pasado integra el Grupo Dorrego, formado bajo el paraguas del propio Larreta y María Eugenia Vidal. Un cuarto integrante, Néstor Grindetti (Lanús) recibirá la visita del Jefe porteño la semana próxima.

El aspirante a gobernador bonaerense Diego Santilli fue uno de los que desaconsejó la publicidad de los encuentros. Comparte la idea del armado que tiene Larreta, pero sugirió que no era buen momento para mostrar mediáticamente este tipo de encuentros.

El vicejefe de gobierno fortaleció sus argumentos destacando que la pandemia desparrama virus y angustia en la población, borra todo lo demás. Sugirió que una acción que vaya en otra dirección estará muy desconectada del sentir popular y puede arrastrar un resultado negativo en la imagen del Jefe de Gobierno que ya viene dañada por otras determinaciones erradas. Dos de ellas sobresalen. Una, la venta de Costa Salguero acompañada del proyecto que prevé la construcción de edificios al lado del aeroparque, que derivó en una convocatoria récord en la historia de las audiencias públicas de la ciudad. La otra, haberse emperrado con clases presenciales en estas dos semanas. Un sondeo que le acercaron en las últimas horas da cuenta que el 70% de quienes lo votaron en la última elección estaba de acuerdo con frenar esa presencialidad. Larreta se hundió en el microclima de su espacio. Suele pasarle a quienes gobiernan. Pese a todo argumentó finalmente que la pandemia estará, con picos altos y bajos, todo el año. “Es mejor comenzar cuanto antes”, resolvió.

Con la mirada puesta en el 2023 el resultado de la batalla electoral de medio término será determinante para saber cómo queda parado cada sector interno de Juntos por el Cambio. Larreta entiende que su candidatura presidencial debe armarse con paciencia y anudando compromisos con referentes de su sector que están gestionando. Dentro de su partido, el PRO, el ala más dura viene comandando la acción política de las últimas semanas. Es una alianza de tres referentes, Macri, Bullrich y Pichetto, con tiempo para pergeñar estrategias. No tienen responsabilidad de gestión y, por ahora, marcan la cancha de donde y como debe jugar Larreta.

No son pocos los que dudan de la capacidad que pueda tener el Jefe de Gobierno para sortear esa dificultad. Aseguran que la ciudad es su techo. La tenacidad de trabajo que se le reconoce no es garantía para un diseño exitoso en la carrera hacia la presidencia. Desde las antípodas el recorrido de Macri es un ejemplo de eso.

Larreta deberá mejorar su estrategia de construcción política si aspira a tener mejores resultados. Sus aliados de espacios menores observaron con preocupación cómo desperdició en esta última semana la oportunidad de ser el representante de una derecha más moderada. Se dejó empujar hacia la judicialización del conflicto por las clases presenciales. Por ser un DNU presidencial podría haberlo aceptado y criticarlo al mismo tiempo. Esa postura lo hubiese dejado mejor parado, inclusive ante el brutal aumento de contagios y camas ocupadas que hoy existe en la Ciudad. No vio esa posibilidad, o quizás tuvo temor de asumirla por perder espacio interno. Macri festejo la determinación alentándola desde las redes sociales. Lo hizo a sabiendas que sigue siendo el referente dominante de ese sector.