Por Pablo Ronderos

La pandemia y la cuarentena afectaron todo. El campo de la educación no podía quedar exento. Se rasgaron las células más sensibles del hecho educativo, el encuentro cara a cara, el corazón de la socialización infantil, el juego y el aprendizaje compartido entre pares.

El reconocido pedagogo italiano Francesco Tonucci reconoce tres registros físicos entre los cuales solía transcurrir la vida infantil y los aprendizajes cuando él y sus hijos fueron chicos: la casa, la escuela y la calle. Aquello se fue desvaneciendo. Todos lo sabemos. Y así las cosas, en estos momentos de posverdad ya nuestras niñas y nuestros niños “perdieron” la calle como espacio donde encontrarse, reconocerse, jugar y aprender. Quedaban la escuela y la casa. Pero hoy, dice Tonucci, con la cuarentena, también han perdido la Escuela.

Y no sabemos por cuánto tiempo la situación seguirá así. El Poder Ejecutivo se muestra sumamente cuidadoso y respetuoso de las opiniones de los profesionales de la salud para evaluar el cuándo y el cómo de “la vuelta a clases en las aulas”. En la conferencia del 8 de mayo el Presidente fue claro. El retorno a las aulas será de las últimas cosas en autorizarse. Y habrá de verse el cómo, los horarios, si todos juntos o por grupos.

Es importante subrayar eso de “en las aulas” pues el proceso educativo no se ha detenido. Ese tercer lugar, la casa,-con las particularidades que en cada caso según la disímil y dura realidad que la injusticia social dibuja- se ha convertido en “el lugar donde la educación persiste”.

Nadie estaba preparado para tanto. Ni los docentes que, aun los capacitados en las TICs, podían antes hacer coexistir la virtualidad con el reencuentro cotidiano con el estudiantado. Ni las niñas, niños, adolescentes y adultos estudiantes que, habituados a concurrir a “esos lugares donde se socializa, enseña y aprende”, se vieron en la obligación de aprender a aprender en otros contextos, el propio corazón de casa. Ni las familias, cada una con su configuración, sus dificultades, necesidades y obligaciones domésticas a cuesta.

La inteligente Doctora en Educación Inés Dussel titula “La clase en pantuflas” a su último conversatorio por Youtube. Los interrogantes que se abren son muchos. Se visibilizan muchas desigualdades-afirma Dussel.

En diálogo y acuerdo con la propuesta de Tonucci quien había sugerido “hacer de casa un laboratorio” donde lo disciplinar y todos los contenidos curriculares estuvieran atravesados por y desde lo doméstico; léase, matemática desde las medidas de los espacios o las cantidades de ingredientes en recetas, ciencias naturales desde lo que sucede en las macetas o los jardines si existiera esa posibilidad o el trabajo en Prácticas del Lenguaje desde los relatos producidos en casa, el registro de un diario íntimo de lo que estamos viviendo (a toda luz único y repetible quizás en otro siglo) entre tantas otras ideas; Dussel sugiere no olvidar los contenidos de los Diseños Curriculares en vigencia. El tema es el cómo. Desde el hogar, ciertamente una configuración extraña. Por medio de infinitas plataformas con las que aún todos estamos iniciándonos.

Con las “incomodidades” que a todos nos depara. Docentes sobrecargados y sobreexigidos trabajando 24 X 7 sin tampoco contar con importantes recursos, madres y padres también afectados y sobre saturados con las angustias a cuestas por sostener supervivencias y sobrellevar las angustias propias a las que se adiciona verse en función docente… sin tampoco recursos y, sobre todo, las niñas y niños quienes, impelidos a mirar el mundo desde las ventanas, resisten como pueden aquello que les impide aprender del mismo modo al que estaban habituados y; sobre todo, cumplir con aquello que la Declaración Universal de los Niños proclama: el derecho a recrearse, a jugar.

Todos hemos perdido con esta pandemia. Pero en esta sociedad tan desigual, que supura injusticia, unos tienen computadoras y celulares y conectividad en abundancia mientras otros atinan, por imperiosa necesidad, a pensar en los dispositivos que le garanticen seguir vivos.

Un Estado Presente ha generado distintas instancias para paliar y dar respuesta a esta crisis. Es para celebrar el programa “Seguimos Educando” puesto en marcha desde las autoridades nacionales. Millones de textos impresos, de un portal remozado y de horas y horas de programación educativa en televisión y radio. Ha de celebrarse el renacimiento de las señales Paka Paka y Encuentro y la utilización de la TVPública y Radio Nacional para acompañar y colaborar con los procesos educativos en estos contextos. Desde el nivel inicial de educación, una vasta grilla de contenidos culturales y educativos se ofrecen a disposición de las comunidades educativas.  También la cartera educativa nacional está haciendo esfuerzos por reparar un saldo pendiente de la (no) gestión anterior. Se han reparado y distribuido empezando por los más necesitados, miles de computadoras que habían quedado tiradas y abandonadas en galpones.

Se ha abierto un interesante diálogo con los representantes de los docentes y las autoridades para evaluar cómo seguir. La cuarentena va para largo sobre todo en el A.M.B.A.. Y, como afirma Dussel, se seguirá “Haciendo Escuela”.

Nos queda pendiente para seguir reflexionando cómo seguir con el uso de las TICs y la tecnología digital en general en estos tiempos donde no hablamos de educación a distancia si no de educación en tiempos de pandemia y cuarentena.

Nos resta pensar y definir también cómo volver…qué hacer con las evaluaciones y las acreditaciones en este 2020 tan particular y que, seguramente recorreremos en otras notas. Pero sobre todo nos debemos y urge la tarea pendiente de ayudar a reconstruir una sociedad más equitativa y justa. No sólo en lo educativo.