Se desató una inusual batalla interna dentro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación con durísimas acusaciones de su ex titular, Ricardo Loenzetti, contra el proceder de su reemplazante Carlos Rosenkrantz, a quien acusó en una carta de faltarle el respeto a personal de su área, e incluso catalogó su proceder como violencia de género.

La situación se desencadenó cuando Rosenkrantz envió a una persona, que no es personal de la Corte, para que le dieran las claves de acceso de la página web del Centro de Información Judicial (CIJ). Información que no le fue dada por no reconocer al interlocutor como parte de la planta permanente del Palacio de Justicia. Se trataba de un consultor externo. El lunes Rosenkrantz firmó una resolución en la que atribuía a Lorenzetti el desmantelamiento y traslado de la mayoría del personal del CIJ a otras dependencias antes de dejar la presidencia. Se refería a María Bourdin, encargada de esta área de comunicación y su subdirector, Pablo Méndez. La respuesta de Lorenzetti fue una carta en la que comenzó señalando: “Me ha sorprendido su resolución número 3018 que ha publicado con ribetes de escándalo, algo que nunca ha sucedido en los últimos años y propio de épocas que hemos querido superar. Lamento muchísimo semejante mediocridad pero, estando en juego el prestigio de la institución me veo obligado a contestar”. Más adelante relata: “Usted se apersonó en el despacho de la secretaria de Comunicaciones (Bourdin) efectuando expresiones que contrarían las directivas de la política de Estado en materia comunicacional, proponiendo una suerte de privatización del CIJ. Ante la respuesta de que eso debía ser decidido por la Corte, y no sólo por la futura presidencia, hubo expresiones que se apartan notoriamente de los criterios de respeto que se le deben a un secretario de Corte (que tiene rango de un juez de Cámara), de la política de género y protección de la mujer que la propia Corte lleva adelante…”. Este miércoles habrá mucha actividad protocolar en la Corte donde se cruzarán sus integrantes y habrá, inclusive, algunos discursos de ocasión. Habrá que observar si la pelea sube de tono. Voceros cercanos a los jueces supremos aseguran que ha sido tan dura la carta de Lorenzetti que debería tener continuidad legal por el nivel de acusación que contiene. No pocos murmuran que el proceder de Rosenkrantz, como nuevo titular, rememora la Corte de los años noventa cuando estaba notablemente alineada con los intereses del gobierno que, por aquel entonces, conducía Carlos Menem.