Por Héctor Gómez

Al chofer Antonio Cirigliano, que manejaba el interno 16 de la línea 295 por la calle Herrera, los pasajeros le advirtieron de la caída de alguien que trató de ascender al vehículo. Antonio, tío de quienes años después manejarían la Empresa más importante de transportes del país, al descender se encontró con un hombre muy herido sobre la calzada y casi debajo de las ruedas. Mientras el colectivo continuó su recorrido una ambulancia transportó al herido hacia el Hospital Rawson. En el trayecto, desconociendo aún la gravedad de sus heridas, el hombre recordó haber tomado algunos vinos de más. Independiente, su equipo, le había ganado a los millonarios por 2 a 1, y eso era motivo digno de celebrar. Reclamaba por los muñequitos que llevaba en la mano para vender, pero el practicante a su lado no sabía que responderle.  Dos días después, el 12 de noviembre de 1963, un médico del mismo hospital redactaba el acta de defunción de ese hombre de 38 años, llamado José María Gatica que, en estado de ebriedad, había caído al asfalto siendo atropellado por un vehículo de transporte.

“The Sailor’s Home” (Misión u Hogar de los Marineros) era un amplio local de planta baja ubicado en avenida San Juan 234, sobre la barranca que llega a Paseo Colón. Desde principios del siglo XX a ese ámbito, dirigido por un integrante de la Iglesia Anglicana de origen británico, el reverendo Westby Henry Brady, se acercaban integrantes de la alta sociedad a practicar boxeo. Los Anchorena, Viale, Delcasse y Newbery entre otros, disfrutaban enfrentando marineros británicos tripulantes de naves amarradas en el Puerto de Buenos Aires. Retornado Brady a su país de origen, el local, que contaba con ring y otros elementos propios del boxeo, serviría más tarde para que Lázaro Kosczi, un peluquero albanés interesado en el boxeo, acercara a quienes podían tener condiciones para ese deporte.

Allá por 1940 había descubierto a un lustrabotas que trabajaba en Plaza Constitución y tenía condiciones boxísticas.  Era Gatica que, con apenas 17 años, ya demostraba su indudable valentía y aptitud para ese deporte. Había venido de la Ciudad de Villa Mercedes, San Luis, unos años antes y al impulso de Kosczi comenzó su carrera de boxeador enfrentando primero, a marineros en esos encuentros informales, para después debutar  oficialmente el 7 de diciembre de 1945 y noquear en el primer asalto a  Leopoldo Mayorano. Al año siguiente y ya con varias presentaciones en el Luna Park su figura se va imponiendo entre los habituales asistentes al mítico estadio de Corrientes y Bouchard.  Años antes, como amateur, combatió con un rosarino que, superando dificultades físicas boxeaba bien. Se trataba de Alfredo Prada. Los combates entre los dos dividían a la opinión pública que, por la afinidad de Gatica con el peronismo convirtieron a Prada (que también era peronista) en el ídolo de los llamados “contreras” que nutrían el ring-side del Luna.  El último enfrentamiento entre los dos fue en noviembre del 53 congregando 23.000 personas al mítico escenario de Corrientes y Bouchard. Otros varios miles quedaron en las afueras.

Gatica con su estilo agresivo y ambicioso arrastraba gran popularidad, reforzada además por sus actitudes personales y su desparpajo para enfrentar cualquier situación. Gobernaba el Presidente Perón, muy aficionado al boxeo y habitual espectador del Luna Park, quien viendo esa popularidad quiso conocerlo personalmente. En esa ocasión Gatica le apretó las manos al Presidente mientras descaradamente le dijo, “General, dos potencias se saludan” entre el asombro y la sonrisa de los presentes.  Esa amistad sirvió para que el Presidente apoyara su carrera permitiendo que Gatica se diera el gusto de subir al ring del Madison Square Garden.  Hizo una primera pelea con un “paquete” para preparar un enfrentamiento con el campeón mundial Ike Williams quien lo noqueo en el primer asalto. Poco a poco, además de su declinación boxística, fue perdiendo los apoyos del gobierno finalmente derribado en 1955 por la llamada Revolución Libertadora. Gatica fue perseguido arrastrando como un estigma su condición de peronista. Para recuperar algo de su contacto con el público se unió a Karadajian para sus show de catch donde terminaron por lastimarlo. Declive físico, moral y económico lo condujeron al triste final de aquel día de 1963. Hoy sus restos descansan en la ciudad que lo vio nacer; Villa Mercedes de San Luis.