Por Claudio Leveroni

Si había apuestas sobre el tema, la banca cantó cero y dejó el paño desnudo de especulaciones. La sorpresa fue general, para propios y ajenos al espacio político donde se encuadra Cristina Fernández. La ex presidenta pateó el tablero político electoral. La propuesta de una candidatura presidencial realizada por quien irá como vicepresidenta teniendo un caudal de votos propios mucho mayor, es un hecho inédito en la historia argentina, y posiblemente mundial, aunque este cronista no está en condiciones de poder afirmar esto último.

Semejante movida de la actual senadora impone un replanteo mental para imaginar cómo será el diseño futuro del país, en caso de un triunfo del binomio Fernández/Fernández. La generosidad de Cristina Fernández, resignando llegar por tercera vez a la presidencia de la República, igualando la histórica marca que solo acumula Perón, no significa necesariamente que su protagonismo estará signado en tocar la campanilla en el senado. Posiblemente haya que imaginarla en un rol mucho más activo y estratégico en la construcción política tanto local como regional. En la geografía nacional, enhebrando acuerdos y alianzas para enfrentar los tiempos muy difíciles que se avecinan. La herencia que dejará la gestión Macri será ciertamente muy pesada, y también habrá que atender modificaciones estructurales varias, como las tributarias y judicial, que podrían desembocar en una nueva reforma constitucional. En la región, Cristina Fernández podría encaminarse a rearmar la identidad perdida. Son tiempos que corren a contramano de aquellos años que rodeaban a un cono sur progresista con Lula, Chavez, Evo, Correa y el propio Néstor Kirchner. La avanzada del norte hizo estragos. La tarea de Cristina podría estar centrada en ser una gran armadora que re oxigene los aires soberanos en la región. Tendrá más tiempo para eso, mucho más del que dispondría si fuera presidenta. No es alocado suponerla como una vicepresidenta que se mueva como si fuera una primer ministro. No pocos sostienen que esa era la idea del propio Perón en su retorno al país tras el forzado exilio. Algunas crónicas de los analistas de aquellos años aseguraban que el líder justicialista había pensado, inclusive, en una formula Perón-Balbin. El “Chino”, así apodado el dirigente radical más encumbrado de esos tiempos, habría escuchado la propuesta después de saltar una tapia para ingresar a la casa de Gaspar Campos en Vicente López donde residía Perón. El creador del Justicialismo, que tenía en mente fortalecer las políticas y el mercado común dentro de Sudamérica, ya se pensaba como un primer ministro con tarea de construcción estratégica. El paralelo, de lo ocurrido en los setenta con estos tiempos, es una licencia de este escriba buscando entender cuál puede ser el rol de Cristina Fernández en el futuro si el triunfo electoral la abraza nuevamente.