Por Claudio Leveroni

La pandemia que flota en el aire de todo el mundo permite, entre otras cosas, observar la importancia que tiene la presencia del Estado en la cosa pública. Ratificar ese concepto en nuestro país no resulta ser un dato menor.

Argentina viene de padecer cuatro duros años de neoliberalismo en su versión más salvaje. Un calificativo nada exagerado si repasamos la destrucción de un área específica, como la salud, durante la gestión de Mauricio Macri. Además de bajar a la categoría de Secretaría lo que venía siendo desde 1949 el Ministerio de Salud, la gestión de Macri achicó su presupuesto, le quitó medicamentos gratuitos a jubilados, se desentendió de las campañas de vacunación contra el sarampión; abandonó en la aduana del aeropuerto de Ezeiza más de 12 millones de dosis de vacunas que pertenecían al Calendario Nacional de Inmunizaciones, otras 160 mil dosis fueron halladas vencidas por falta de cadena de frío en un depósito ubicado en la provincia de Buenos Aires, y recortó más de 70 mil pensiones que recibían personas con discapacidad justificando esa determinación con una frase lapidaria lanzada por quien fuera la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley: “una persona con síndrome de down no es sujeto de derecho de esta pensión, Puede trabajar si lo deseara”.

Un resumen que deja de lado muchas más irresponsabilidades de la alianza Cambiemos en el ejercicio del Poder Ejecutivo. Fieles a un concepto raíz del liberalismo practicaron a destajo aquello de achicar al Estado es agrandar la Nación, bandera que flamean como mensaje de desprecio que tienen por la cosa pública. El sentido de semejante apotegma es desalentar la posibilidad de un Estado con control estratégico del crecimiento y desarrollo nacional. Una tarea que, bien realizada, limitaría los márgenes de manipulación y defensa de intereses propios de los sectores que concentran mayor riqueza en el país.

La angustiante presencia del coronavirus nos golpea en un momento donde el Estado vuelve a ser revalorizado. Salud volvió a ser un Ministerio, y junto a esta recuperación jerárquica se van tomando decisiones reivindicatorias de las políticas de Estado en la cosa pública. Los jubilados del PAMI tienen ahora un listado de 170 medicamentos gratuitos, se recuperaron las vacunas abandonadas en Ezeiza y hospitales, como el Posadas, van reincorporando valiosos profesionales despedidos durante la poda liberal de los últimos años.

El ataque del virus de estos días reposiciona en la opinión pública la valiosa participación del Estado en la prevención y atención ante un conflicto que afecta la dinámica social del país. Tras la determinación de impedir el ingreso de vuelos de Europa, Estados Unidos y países de Asia, será la línea estatal de bandera quien rescate a partir del próximo martes a los argentinos que han quedado varados en distintas regiones del mundo. El personal de Aerolíneas Argentinas está trabajando, por estas horas, sin pausa para atender las necesidades de miles de personas atrapadas por la incertidumbre que plantea la inesperada circunstancia.

En el Instituto Nacional de Microbiología Dr. Malbrán, que cuenta con cerca de 500 trabajadores, se realizan diariamente decenas de análisis de personas sospechadas de tener coronavirus. El costo para los pacientes es cero. La presencia del Estado una vez más garantiza la gratuidad en este valioso servicio.

El mismo análisis en Estados Unidos puede resultar muy costoso. El sistema de salud en este país que tiene 327 millones de habitantes, deja desprotegidos a más de 27 millones de personas que no tienen acceso a seguros de salud, según datos de la Oficina del Censo. Esto podría llevar a que muchos, que presenten síntomas o requieran tratamiento, no acudan a los hospitales por temor a los elevados costos. A esta cantidad hay que sumarles otros 10 millones de personas indocumentadas que están en el país ilegalmente. También hay que agregar a 44 millones más que cuentan con un “seguro insuficiente” que podría no cubrirles la totalidad del test y eventual tratamiento en caso de estar infectados.

Medios de Miami y la BBC relataron días pasados lo sucedido con un hombre que regresó a Estados Unidos de China en febrero. Se sintió resfriado y fue a una sala de emergencias en Miami ante el temor de haberse contagiado de coronavirus durante su viaje.

Tras un par de análisis, los médicos le dieron la buena noticia: era solo un catarro común. Le recetaron algunos medicamentos para el malestar y lo mandaron a casa. Una carta que recibió un par de semanas después casi lo enferma de nuevo: le debía al hospital más de US$3.000 por los gastos de las pruebas que le habían hecho.