A pocos días de asumir la presidencia y después de recoger el ejemplo de su vice presidenta, Cristina Fernández, el mensaje de consolidar la unidad de lo que definen como el campo nacional y popular, encabezado por el peronismo, surge como una bandera irrenunciable de Alberto Fernández. Sus más íntimos aseguran que la postal que presentará el 6 de diciembre, cuando anuncie su gabinete nacional y los nombramientos de las distintas secretarias y organismos centrales del Estado Nacional, ratificará esa convicción. Es una tarea que también intenta hacer distrito por distrito, en cada provincia y hasta en municipios.

Hace pocos días Fernández se reunió con los representantes legislativos de la ciudad de Buenos Aires y logró que el peronismo y sus aliados, dejen las divisiones actuales de lado y tengan un bloque único en la Legislatura Porteña. El acuerdo quedó sellado y la principal oposición a Larreta tendrá un bloque único de 17 legisladores sobre un total de 60 (37 serán los del interbloque oficialista si se mantiene la unidad).

La misma acción va timoneando Fernández en ámbito bonaerense convencido que tendrá en Kicillof un aliado incondicional. Si esta estrategia se desarrolla positivamente y la gestión nacional encauza medianamente la economía, los resultados se verán en la próxima convocatoria electoral. Desde su entorno afirman que Alberto pone la vara bien alta. No habla solo de recuperar distritos bonaerenses con tradición peronista, como puede ser Lanús. Pone como ejemplo a los más díscolos con el peronismo a la hora de votar. Si en dos años se superan los guarismos actuales en la ciudad de Buenos Aires, Vicente López y San Isidro, será un síntoma no solo de una mejora en los bolsillos, también será un éxito en el camino a achicar la grieta que separa a nuestra sociedad.

La elección de Matías Lammens no fue nada mala, superar el 35% en la Capital Federal es un buen inicio para alcanzar objetivos mayores en la próxima. No es la misma evaluación que se hace para Vicente López y San Isidro. En estos distritos apenas se superó el 26% de la voluntad del electorado local. En ambos hubo entre un 5% y 7% de corte de boleta, un claro síntoma de disputas internas que “son necesarias terminar”, afirman en el círculo confiable de Fernández ratificando que la grieta propia es la que primero hay que cerrar. Trabajo extra para un sanisidrense cercano al presidente electo, Santiago Cafiero. En Vicente López la situación fue más caótica aún. Pese a la ola de votos provinciales de la fórmula Kicillof-Magario la elección local fue tan mala que se obtuvo un concejal menos en comparación a la última elección. El candidato local (un edil de apellido Beccaria) hizo campaña sin mencionar a Alberto y Cristina, y ocultando su condición de peronista. Así le fue, perdió escandalosamente, no solamente en zonas más acomodas económicamente, también fue castigado en barriadas populares como Munro o Villa Martelli. Ahora, en el desbande, quienes lo acompañaron quieren huir hacia arriba, colando en algún puesto nacional.