Por Claudio Leveroni

Hay momentos donde la toma de determinaciones requiere de una velocidad tal que no permite amalgamar consensos en reuniones contaminadas de intereses sectoriales. El gobierno nacional detectó y alertó a tiempo la llegada de una impiadosa segunda ola del covid 19, pero ha demorado demasiado en asumir medidas sanitarias que eviten la expansión de la enfermedad. El virus transita a una velocidad superior a la toma de decisiones que podrían atenuar su avance.

Estar en año electoral supone evaluar el impacto de toda manifestación política, con las antipatías o simpatías sociales que pueden generar. Este no es el caso. Si la salud de la población está primero esas especulaciones deben pasar a un segundo plano. Haber registrado la mayor cantidad de nuevos contagios en un día, en los 13 meses de pandemia, es una riesgosa alerta que advierte que se está llegando tarde. Es cierto que ese número (20.870) surge desde una multiplicación de testeos que también es superior a los del año pasado. También lo es que la cantidad de fallecidos no crece al compás de la suba de contagios. Son registros a tener en cuenta, en todo caso advierten que podemos estar en la antesala de un escenario mucho peor. La ocupación de camas de terapia intensiva va creciendo. Algunos distritos bonaerenses como Escobar y La Plata, están con alerta roja. En la Ciudad de Buenos Aires hay hospitales, como el Fernández, que tienen el 65% de sus camas UTI ocupadas. La mayoría con pacientes Covid.

Las restricciones que se anunciarán en las próximas horas deben ser cumplidas a rajatabla. Se impone un mayor control para que esto suceda. La campaña de vacunación debe multiplicar inoculados con mayor celeridad. El gobierno debe también atender la necesidad de una mejor comunicación general en el día a día. Se impone un estímulo para que la sociedad toda comprenda y reconozca con gestos públicos a los trabajadores del área sanitaria que se encuentran al límite de la saturación. Su único privilegio es estar vacunados (90%), pero llevan más de un año de trabajo a destajo y sin descanso. Los nosocomios sienten la falta de mano de obra calificada y en muchos casos la deserción de trabajadores. Atravesaron también un síntoma cultural muy propio de la clase media autóctona, pasaron del exitismo del aplauso en los balcones a la indiferencia social. A este cronista, trazando un antojadizo paralelo, esa conducta pendular le recuerda a lo sucedido con los soldados que lucharon en Malvinas.

La oposición al gobierno que viene por derecha decidió ocupar un penoso lugar coqueteando con acciones tan irresponsables como sus antecedentes gobernando. Lejos de elevar consideraciones para una cooperación sanitaria general, un sector de Juntos por el Cambio que no desarrolla tareas ejecutivas impone posturas ante quienes si deben rendir cuentas diariamente. El documento que dieron a conocer en las últimas horas se opone a restricciones horarias o de actividades como una forma de combatir la expansión del virus. Coloca esa determinación, que impulsa tanto el gobierno nacional como el bonaerense, como un atentado a la libertad. Semejante consideración resulta ser una burla a la inteligencia colectiva, acaso demostrativo del coeficiente intelectual predominante en este sector.

En términos políticos el documento refleja que en esa mesa nacional de la alianza que gobernó hasta diciembre de 2019 la opinión del sector duro del Pro es la que más peso tiene. Macri y Bullrich, ambos sin responsabilidades de gobierno, conducen los intereses de esta alianza. Larreta fracasó en querer imponer alguna mirada más acorde a la realidad pandémica. La ciudad duplicó la cantidad de nuevos contagios en comparación al peor momento del año pasado. Asistentes a ese plenario advirtieron la incomodidad del Jefe de Gobierno porteño, “lo están empujando” le comentaron a este escriba, aunque advirtiendo que nadie se irá del espacio. En todo caso, la situación muestra las limitaciones del Jefe de Gobierno para conducirlo.