Por Claudio Leveroni

En épocas como la actual donde los argentinos quedamos atrapados por una crisis heredada que afecta a la mayoría por igual, los esfuerzos por mejorar la calidad de vida no pueden ser igualitarios. Aunque podría definirse esto como una constante para el desarrollo y prosperidad de una sociedad, el concepto se debe hacer carne en estos tiempos más duros. Quienes más tienen deben desplegar un esfuerzo solidario direccionado a mejorar la vida de los que han quedado más rezagados en el reparto de la renta nacional.

La solidaridad no es caridad. En un sentido cultural la solidaridad representa mucho más que dar lo que ya no utilizo o me sobra, es compartir un esfuerzo donde cada uno aporta desde la estatura social y económica en que esté ubicado. Un concepto que es válido tanto para personas como para distritos provinciales.

Nadie pone en discusión que Buenos Aires es la ciudad más rica del país. Así como las distintas provincias acunan una característica productiva propia, ligada al agro, la industria, ganadería o minería, su perfil productivo está encuadrado en tareas de administración nacional y turismo.

El presupuesto porteño, con 480 mil millones de pesos a distribuir en el año, es un verdadero manantial de recursos que le permite a la ciudad tener, en comparación con el resto del país, los mejores sueldos para sus empleados. Ningún policía provincial gana más que uno de la ciudad, y ninguna provincia tiene tantos efectivos de seguridad propios como la Ciudad. Es tan cierto esto como que ninguna ciudad del país repavimenta tantas veces la misma calle como sucede en la Capital Federal. Ninguna provincia tiene una estructura hospitalaria tan enorme como la ciudad.

Los porteños gastaron el año pasado casi tres mil millones de pesos solamente en arreglar veredas, cifra que representó el 35% del presupuesto que tuvo para todo 2019 La Matanza, el municipio más grande y poblado de Argentina. La ciudad instaló el año pasado 624 macetones en sus aceras pagando por cada uno 15.610 pesos. Después, desembolsó otros 43 millones de pesos anuales en una empresa privada para su mantenimiento. Esto ultimo lo hizo pese a tener áreas específicas que podrían atender el cuidado de las plantas que están en esas enormes macetas. Solo un distrito muy rico puede darse estos lujos.

Es cierto que la ciudad atiende en sus hospitales a miles de personas por año que viven de otros distritos. Existe en esto un principio solidario que no debería merecer reproche atento al derecho universal que plantea la constitución nacional respecto a la salud. Como contrapartida debería tenerse en cuenta que la ciudad acaba de cerrar su última cárcel, la de Villa Devoto. Por lo tanto, todos los detenidos por la policía de la ciudad que reciben condena la cumplen en penitenciarías de la Provincia de Buenos Aires. Podría también incorporarse en el débito porteño que sus desperdicios (solo recicla el 15% de su basura), terminan también en tierra bonaerense. Pagar por estos servicios, como realmente lo hace la administración porteña, marca la diferencia que existe entre ricos y pobres. No hace falta demasiado recorrido argumental para entender que a nadie le gusta quedarse con la basura del otro. Acaso, si todo el ámbito bonaerense fuera lo suficientemente rico como para no aceptar basura ajena, ¿qué harían los porteños con sus desperdicios?

Quitarle un punto al porcentaje de coparticipación a la ciudad, como se especula que sucederá tras el decreto del presidente Fernández, sería bajarle 36 mil millones de pesos a una ciudad que puede compensarlo con relativa imaginación y facilidad. En una de las últimas sesiones del año pasado la Legislatura sancionó una ley por la cual se le impone una tasa de hasta 1,50 dólar por día de permanencia a los turistas extranjeros mayores de 12 años. Sobre una proyección de 4 millones de turistas ingresando a la ciudad por año, se estima que con este nuevo impuesto podrá tener un ingreso extra de casi siete millones de dólares por año. Mucho más rentable resulta ser la también recientemente aprobada (en 2018) ley de plusvalía que agrega un valor impositivo adicional a las propiedades que son beneficiadas por los cambios en el código urbano. Esta normativa permite incorporar unos 210 millones de dólares anuales al presupuesto de la ciudad. En estos dos ítems innovadores la recaudación porteña sumará unos 17 mil millones de pesos, casi la mitad de lo que le está reclamando la argentina más pobre al distrito más rico del país.