Se cumple este jueves 75 años del mayor crimen de lesa humanidad que se produjo durante el siglo XX en todo el mundo. Cuando la segunda guerra mundial estaba por culminar el presidente de Estados Unidos, Harry S. Truman, se animó a probar una nueva y poderosa arma producida y desarrollada desde lo que se conoció como el proyecto Manhattan que concluyó aportando dos modelos distintos de bombas atómicas construidas con uranio-235.

Alimentando la bestial cultura violenta que anida, y se mantiene vigente en el país del norte, Truman minimizó las consecuencias presentes y futuras que dejaría la bomba en las ciudades que serían arrojadas. Sin más sentido que probar su poder de daño, ya que la guerra estaba claramente en su epílogo, ordenó lanzar la primera (bautizada Little Boy) en Hiroshima, una de las pocas ciudades que no había sido bombardeada habitada por 350 mil personas. No hubo un objetivo militar, la intención fue utilizar la ciudad y sus habitantes como conejillos de india para experimentar sobre la potencia del nuevo juguete armamentista de 4.400 kilogramos de peso, 3 metros de longitud, 75 centímetros de diámetro y una potencia explosiva de 16 kilotones, – 1600 toneladas de dinamita.

El avión lanzó la bomba a las 8:15 del 6 de agosto de 1945. Explotó cuando se encontraba a una altitud de 600 metros del piso justo cuando estaba encima de la una Clínica quirúrgica llamada Shima. De inmediato la temperatura se elevó a más de un millón de grados centígrados, lo que incendió el aire circundante, creando una bola de fuego de 256 metros de diámetro en menos de un segundo. Una columna de 6 kilómetros de altura se elevó desde la zona cero sobre las ruinas de la ciudad de Hiroshima. La imagen de aquel hongo venenoso que se abrió paso hacia el cielo fue tomada por George Caron, artillero de cola del avión estadounidense que llevaba el nombre Enola Gay.

El asesinato en masa de Hiroshima dejó un saldo de 70.000 personas muertas inmediatamente, entre ellos 3.600 eran escolares. Otras 80.000 fallecerían después de una horrorosa agonía antes de finalizar el año por sus heridas o por la radiación. El 50 % de la población de Hiroshima murió como consecuencia de la explosión nuclear ordenada por el presidente de Estados Unidos. El 70% de los edificios y casas de la ciudad quedaron totalmente destruidos. Más de 200 000 personas fallecieron en los cinco años siguientes (hasta 1950), a causa de distintos tipos de cáncer que desparramó la radiación de la bomba. Hubo otros padecimientos a mediano y largo plazo como malformaciones en nacimientos.

Después de lanzar la bomba Truman le habló a los estadounidenses justificando el crimen de guerra al señalar: “Los japoneses comenzaron la guerra desde el aire en Pearl Harbor. Ahora les hemos devuelto el golpe multiplicado”.

No conforme con la destrucción en Hiroshima Truman ordenó, tres días después de la primera, el lanzamiento de una segunda bomba atómica. El 9 de agosto la muerte se expandió en Nagasaki. Pocos minutos después de las 11:00 la bomba detonó a una altitud de 550 metros sobre la ciudad, pesaba 4.630 kilogramos y poseía una potencia de 25 kilotones. Fallecieron entre 35.000 y 40.000 personas, el total de decesos para finales de 1945 alcanzó los 80.000.​ Una dato que sobresale para remarcar que esta acción ha sido un crimen de guerra, es que solo murieron 150 soldados japoneses.