La rebelión policial tocó un extremo delicado, grave. Se instaló, con sus armas reglamentarias a cuestas y una cuarentena de patrulleros, frente al domicilio del presidente Fernández. Una bravuconada que encendió alertas, rememoró el levantamiento carapintada que soportó Alfonsín. Los uniformados sublevados ya tenían una respuesta oficial desde La Plata cuando funcionarios provinciales adelantaron que en horas más darían a conocer el aumento en sus salarios. Pese a esto siguieron con la asonada. Paralizaron móviles policiales que deberían estar circulando por las calles, prepoteaban frente a los portones de Olivos. Uno de ellos llegó a decir ante micrófonos de periodistas “si el presidente tiene huevos que salga”.

Mostrando una mesura lindera al error político un vocero presidencial cumplió con la orden de Fernández de invitarlos a una reunión dentro de la residencia. Se negaron, otra bravuconada. Entregaron un petitorio y dijeron que esperarían una respuesta en la calle. Pasaron todos los límites. El presidente les respondió más tarde que no toleraría ese tipo de reclamos. Minutos antes de ese anuncio del primer mandatario un grupo de militantes peronistas llegó caminando por la avenida Maipú cantando “Macri los cagó”. Fue un momento muy tenso. Los policías, que nunca pasaron de ser más de un centenar, se replegaron improvisando una asamblea que determino la prudente salida del lugar. El peronismo, finalmente, retomó la calle.