Por Claudio Leveroni

Nuestro país navega desde hace 210 años en aguas turbulentas. No es un designio de naturaleza geográfica. El zarandeo es producto de la histórica lucha que, en estos más de dos siglos, vienen protagonizando dos sectores bien definidos. Buscan consolidar modelos con contrapuestos viscerales. En estos tiempos de cierta liviandad se minimiza la trayectoria de esta puja tratándola como una grieta reciente.

Estas dos posturas históricas, con sus variantes, atravesaron la línea de tiempo argentina. Se la puede visualizar por épocas a través de sus principales personajes más influyentes.

Una de ellas propicia una Argentina exportadora de materias primas basado en la producción agrícola – ganadera. Sus referentes del siglo XlX imaginaron al país como un brazo cultural y económico de Europa. Ahí se inscribieron Bernardino Rivadavia (1826-1827) y los representantes de la generación del 80, así definida la elite liberal y conservadora, con una marcada tendencia antirrosista, que gobernó desde 1861 hasta 1916, dejando una influyente estela de pensamientos que se mantiene hasta nuestros días. Abarcó las presidencias de Bartolomé Mitre (1861-1868), Domingo Faustino Sarmiento (1868-1874), Nicolás Avellaneda (1874-1880) y Julio Argentino Roca (1898-1904). No fueron los únicos, pero si los más significativos a la hora de nutrir la matriz de un modelo con escasez de generosidad en la distribución más equitativa de la riqueza nacional.

La instalación de un sistema de elección democrática desnudó la escasa adhesión popular del modelo de país conservador. Su escasa cosecha de votos forzó fraudes electorales en los primeros años del siglo XX. Cuando ya no pudo disimular más la trampa en las urnas, recurrió a golpes de estado. Irrupciones cívico-militares que se fueron sucediendo con el correr del siglo cada vez con más violencia. Desde los bombardeos a civiles en 1955, hasta secuestros y torturas que acompañaron el golpe de 1976. Todas fueron violentas salidas del carril democrático del país.

La contracara de ese modelo conservador-liberal dominante comenzó con anterioridad al lote de pensadores de la generación del 80. Tras la abolición del gobierno central en 1827, las provincias rechazaron la Constitución de 1826 por considerarla unitaria. Se autogobernaron, desconociendo el gobierno central, delegando las relaciones exteriores en el gobierno de la provincia de Buenos Aires que condujo Juan Manuel de Rosas, el gran hacedor de la toma de conciencia de la soberanía nacional. En 1829 la sala de representantes lo proclamó gobernador otorgándole las facultades extraordinarias y el título de Restaurador de las Leyes. Un mojón de extraordinario valor histórico en la conciencia nacional sucedería en 1845. Fue cuando una flota anglo-francesa se adentró en el río Paraná después de batallar contra la resistencia de las fuerzas de Rosas, comandadas heroicamente por Lucio N. Mansilla. En la batalla de Vuelta de Obligado la flota extranjera logró romper las cadenas colocadas de costa a costa y remontar el Paraná con naves que traían mercadería para vender en todo el trayecto. Fue una derrota militar pero un gran triunfo que penetró en la conciencia nacional reforzando el valor de las determinaciones soberanas. Desde Francia, el General San Martín felicitó a Rosas por su determinación y le envió como obsequio su emblemático sable corvo.

La línea de pensamiento nacional que enarboló San Martín y Rosas, tendría continuidad recién en el siglo XX . Tras la llamada Revolución del Parque, un levantamiento cívico militar contra el gobierno de Juarez Celman (1886-1890) liderada, entre otros, por Leandro Alem se constituiría la Unión Cívica Radical (UCR). De su entraña surgirían pensadores críticos de las políticas conservadoras dominantes en las últimas décadas. Un país que acumulaba riquezas para pocos y expandía pobreza para la gran mayoría de sus habitantes. Contra esa injusta distribución surge la figura de Hipólito Yrigoyen (1916-1922 y 1928-1930) que en 1916 se consagra presidente. Fue la primera elección en la historia argentina en adoptar la ley Sáenz Peña, que garantizaba el voto secreto y obligatorio para varones.

La línea histórica de pensamiento nacional y popular iniciada por San Martín y Rosas, continuada por Yrigoyen, se completaría en la primera mitad del siglo veinte con la aparición de Juan Domingo Perón, electo tres veces como presidente (1946-1952, 1952-1955, y 1973-1974). Perón pone proa hacia un país industrial capaz de agregarle valor a la materia prima, y al mismo tiempo consagra leyes laborales que permiten mejorar notablemente la distribución de la riqueza que produce el país. La reivindicación del trabajador como protagonista del destino del país se desparramó en la conciencia popular ganando una valiosa batalla cultural. Una auténtica muralla de contención contra los continuos embates del modelo conservador mutado en neoliberal a partir de los años 70.

Entendiendo los cambios de épocas y las características que rodearon esta región de América doscientos años atrás, no es difícil imaginar que los protagonistas centrales de aquella histórica jornada del 25 de Mayo de 1810, tenían en su pensamientos su propio modelo de país. Los conflictos son los mismos que en la actualidad. Luchar por la soberanía política, por la independencia económica y una mejor distribución de la riqueza.

En aquellos integrantes de la primera Junta de Gobierno, que sucedieron al renunciante y último virrey de España, Baltasar de Cisneros, había hacedores de ideales y también quienes solo estaban representando intereses. Mariano Moreno (secretario) y Manuel Belgrano (vocal) podrían sindicarse como los más encumbrados en el terreno de las ideas, buscando fortalecer un modelo de país que priorice la soberanía política y la independencia económica bajo un esquema más justo en tiempos donde existía la esclavitud.

Moreno y Belgrano integraron aquella primera Junta en representación de sectores diferentes. A Moreno lo sostenía un poderoso comerciante español, Martín de Álzaga que, en nombre de sus intereses, tuvo un muy destacado protagonismo en el rechazo a las invasiones inglesas. Álzaga terminaría su vida, dos años más tarde, fusilado y su cuerpo colgado durante tres días en la Plaza de la Victoria (hoy Plaza de Mayo) acusado de conspiración.

Manuel Belgrano fue un activo militante del cabildo abierto. Encabezó la representación (3 de los nueve integrantes de la Junta) del carlotismo, un proyecto político que impulsaba la creación en el Virreinato del Río de la Plata de una monarquía independiente, cuyo titular sería la infanta Carlota Joaquina de Borbón. Belgrano había incorporado la idea, en la constitución de este nuevo reinado, de la incorporación de los pueblos originarios en una junta de gobierno futura.

Moreno fue el espíritu y el cerebro de la Revolución de Mayo. Iba por todo, por la independencia total.  Era uno de los 152 abogados radicados en Buenos Aires. Fundó la primera biblioteca pública de Buenos Aires y no dudó en conceder la libertad a los esclavos que abrazaran la causa patriota. Pocos días después del histórico 25 de mayo tomo la determinación, para combatir rumores que boicoteaban las determinaciones de la Junta, de editar La Gazeta de Buenos Ayres. El semanario vio la luz el 7 de junio de 1810 y, después de 590 ediciones, se dejó de publicar el 12 de septiembre de 1821 por decreto del gobierno de Martín Rodríguez, para ser reemplazada con el Registro Oficial.