Por Claudio Leveroni

El próximo 24 de este mes se cumplirán 74 años de una elección que marcó la historia de nuestro país. Fue justamente en febrero de 1946 cuando Juan Domingo Perón, encabezando la fórmula del partido Laborista, alcanzó casi el 53% de los votos ganando su primera elección presidencial, relegando al candidato presentado por la UCR, José Pascual Tamborini, que recogió 10 puntos menos de los obtenidos por Perón.

El Laborismo como partido había sido creado un año antes, impulsado por el propio Perón como una expresión de un movimiento obrero que se encolumnaba detrás de su figura después de haberlo reivindicado, meses antes en la extraordinaria movilización espontánea ocurrida el 17 de octubre del 45, como su líder.

El radicalismo de aquel entonces, presentaba una escenografía parecida a los tiempos actuales, se había dividido. Un sector denominado UCR Junta Renovadora y un grupo de intelectuales encuadrados en Forja, donde se encontraban entre otros Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche, acompañaron a Perón. En tanto que la propia estructura mandante de la UCR, junto al Partido Demócrata Progresista, la Sociedad Rural, La Unión Industrial y hasta el embajador de Estados Unidos Spruille Braden, formaron la coalición antiperonista que impulsaba a Tamborini. Los diarios más influyentes acompañaron también la cruzada que ebuscaba evitar la llegada de Perón al poder. Uno de ellos, Clarín, no lo disimuló en ningún momento. El día de la elección (foto), lejos de mantener cierto equilibrio inofromativo, su tapa llevaba la imagen de Tamborini con su nombre escrito en seis columnas (todo el ancho).

Braden resultó ser uno de los más fervientes impulsores de la fórmula que tenía al radical Tamborini como aspirante a ocupar la Casa Rosada. El embajador de Estados Unidos llegó a tener un protagonismo sorprendentemente relevante en la campaña, a tal punto que fue orador en actos electorales. Su regordeta figura se hizo popular bajo la consigna planteada bajo el rótulo, Braden o Perón, dejando en un segundo plano como protagonista al candidato presidencial radical.

Finalmente, fue Perón. Así se inició un ciclo que lo llevaría tres veces a la presidencia de la Nación, teniendo como sello distintivo en estas épocas las reivindicaciones sociales, el crecimiento industrial y una mejor distribución de la riqueza nacional. Las dos primeras presidencias fueron consecutivas, la tercera ocurrió luego de un largo período de 17 años de proscripción que sufrió tanto él como el peronismo. Perón fue derrocado por un golpe militar en 1955 y debió esperar hasta 1973 para volver a ingresar a la Casa Rosada en lo que fue su tercera presidencia, bendecida con un abrumador triunfo electoral al obtener el 62% de los votos.

Perón interpretó un modelo nacional de crecimiento con inclusión social de los sectores históricamente más empobrecidos del país. Tuvo la persistente resistencia de los grupos minoritarios que concentran abundancia de la riqueza nacional. Bajo su pensamiento, y con los tropezones propios que representaron los tiempos con golpes de estado, prohibiciones y brutal represión, se desarrollo el país en estos más de 70 años.

Esas siete décadas han sido reflotadas en forma despectiva por el ex presidente Mauricio Macri en varias ocasiones durante su reciente mandato. No es alocado pensar que es lo mismo que hubiese expresado el embajador Braden, de haber estado vivo en estos días. Macri señaló las sietes décadas últimas como un retroceso para Argentina. Su mirada se aplica a la observación en defensa de los intereses de las minorías que concentran el grueso de la riqueza del país.

Fortaleciendo esta idea, y enmarcándola en una mirada histórica, un artículo publicado hace pocos días en el Financial Time escrito por el ex economista del Banco de Inglaterra y actual editorialista del periódico inglés, Alan Beattie, se pregunta por qué Argentina no fue EEUU. La respuesta es simple para el escritor británico, “mientras EEUU en su período fundacional repartió la tierra en parcelas pequeñas, Argentina se la dio a unas pocas familias”. Beattie destaca que “EEUU hubiese sido como Argentina si el Sur racista confederado hubiese ganado la Guerra Civil”.

Para el editor del Financial Time el problema de Argentina no fueron los 70 años de Peronismo, como remarcaba Macri, sino los 120 años de Oligarquía.