El Ministro de Hacienda, Martín Guzmán, expuso la postura del gobierno ante la renegociación de la deuda externa. Lo hizo en el Congreso Nacional ante legisladores nacionales (diputados y senadores) y referentes de distintos sectores gremiales.  «No es sostenible que haya reducción del déficit fiscal en 2020. Un escenario alcanzable implica alcanzar el equilibrio fiscal en el año 2023. Y converger unos años después a un superávit fiscal primario entre 0,6% y 0,8% del Producto Bruto Interno”, afirmó.

En ese contexto planteó tres posturas posibles. Sobre la primera señaló: «Si no se hiciese nada, si mantenemos la inercia del mismo modelo de estos años, recién en 2026 alcanzaríamos el equilibrio fiscal, convergiendo hacia un superávit muy bajo recién para 2030. En ese caso, no estaríamos resolviendo nada ni habría acuerdo posible». Una segunda posibilidad sería, «un escenario más realista, factible, que implica un trabajo (correcciones) que ya venimos haciendo, posibilitaría alcanzar el equilibrio fiscal en 2023, y avanzar a un superavit fiscal primario unos años después del 0,6 al 0,8 del PBI». Es decir, ningún resto para un acuerdo de pago de la deuda. Finalmente, «el tercer escenario va a implicar revertir la reforma política tributaria de los últimos años, que pretendía impulsar la oferta pero lo que logró es que no hubiera oferta (estancamiento de la producción) y se debilite el fisco (pérdida de recaudación impositiva). Si se revierte esa dinámica, junto a las políticas productivas impulsadas por el Ministerio de Desarrollo Productivo, con una plataforma de crecimiento del 2% anual y de las exportaciones a un mínimo del 4,5% anual, en 2022 se alcanzaría el equilibrio fiscal, un superavit bajo en los años siguientes y del uno por ciento del PBI en 2026 y 1,2 en 2027». Este es el sendero que ayer dejó, como propuesta, Guzmán en el Congreso. Y los tiempos de espera que le intentará imponer a los acreedores.