El lunes 24 de febrero de 1958 se disputó en la Habana el Segundo Gran Premio de Cuba. Una carrera de autos Formula Uno con la participación de los mejores pilotos del mundo. Juan Manuel Fangio, ya por entonces consagrado cinco veces campeón del mundo más dos subcampeonatos, había sido invitado para la ocasión.

La carrera se organizaba bajo la dictadura de Fulgencio Batista. Eran tiempos de una persistente resistencia encabezada por Fidel Castro, líder del Movimiento 26 de julio. Por la atracción que generaba semejante acontecimiento deportivo los ojos del mundo estaban puestos en Cuba por esos días. Fidel Castro no quiso desaprovechar esa oportunidad y pergeñó acciones para hacerle saber al mundo de la existencia del grupo que lideraba en contra del dictador Batista. Un día antes de la carrera, integrantes de su movimiento revolucionario asaltaron el Banco Nacional de Cuba y, en lugar de robarse plata, incendiaron un montón de cheques.

Pero, el golpe mayor lo tenían planeado un día antes de la carrera. En horas de la noche del domingo 23 un joven alto que respondía al sobrenombre de El Chueco ingresó al lobby del hotel Lincol donde se encontraba Fangio hablando con sus mecánicos.  «Disculpe, Juan, me va a tener que acompañar», le dijo joven al piloto argentino mientras lo apuntaba con un arma.

El lunes, la carrera igual se hizo sin Fangio. Hubo un accidente y murieron seis personas; 40 resultaron heridas. «Me hicieron un favor», declaró Fangio luego del secuestro. En el hotel Lincoln se puede observar una placa incrustada a la pared recuerda lo acontecido: «En la noche del 23.2.1958, en este lugar fue secuestrado por un comando del Movimiento 26 de julio, dirigido por Oscar Lucero, el cinco veces campeón mundial de automovilismo Juan Manuel Fangio, ello significó un efectivo golpe propagandístico contra la tiranía batistiana y un importante estímulo para las fuerzas revolucionarias».